La narrativa como recurso para trabajar en el aula.
Prof. de la Iglesias Griselda Mariel
¿Por qué incorporar el cuento como recurso al Área de Ciencias Sociales?
Narrar quiere decir contar, relatar una serie de episodios que se desarrollan en el tiempo. Podemos narrar acontecimientos que nos parecen reales, que pueden cumplirse en la realidad. En toda narración desempeña un papel muy importante el narrador que puede estar como observador fuera de los hechos narrados o participar de ellos como personaje o protagonista. A veces el narrador se instala en un punto de vista (por ejemplo un personaje) y desde allí contempla todo lo que ocurre; pero también puede variar de enfoque o abarcar todas las situaciones, conocer todos los pensamientos y reacciones de los personajes. La narración puede estar escrita en tercera persona o en primera; en esta última circunstancia tiene un carácter autobiográfico.
“La enseñanza de la Historia cuenta con un valioso recurso en los textos ficciónales en general. Estos textos, cuyas tramas arguméntales dan sentido a personajes y hechos, permiten a los niños/as situarse en el contexto particular de cada época y comprender mejor la complejidad de los procesos sociales que la caracterizan.
Los textos ficciónales brindan la oportunidad de explorar las posibilidades y probabilidades de los hechos. Son como la versión libre de los hechos. Allí se mezclan personajes inventados con otros que existieron y la imaginación del escritor puede proponer encuentros entre ellos, explorar el sentimiento de los protagonistas, proponer posibles finales, etc.” (1) Diana Gonzalez “Efemérides entre el Mito y la Historia”.
Etapa Inicial diagnóstica:
Secuencia de actividades:
1) Lee este cuento que pertenece al libro Misteriosa Buenos Aires de Manuel Mujica Lainez.
2) Averiguar sobre la vida y la producción del autor.
3) ¿Dónde y cuando transcurre la acción que relata Mujica Laínez?
4) Con los datos que te brinda el cuento diseña un croquis o un plano de la calle Defensa y la localización de la “casa cerrada”.
5) Dibuja la fachada de la “casa cerrada”
6) Dibuja el plano de la “casa cerrada”.
7) Dibuja a los soldados del capitán Jacobo Varela.
8) Dibuja un soldado británico.
9) Recrea la escena de la defensa de la ciudad.
10) Dibuja a los habitantes de la “casa cerrada”.
El desarrollo de esta etapa del trabajo tiene la intencionalidad de poner en juego los conocimientos previos de los niños/as. En el Segundo ciclo de la Educación Primaria Básica ya han tomado algún tipo de contacto con el contenido Invasiones Inglesas y esto es lo que vamos a revisar y tomar como punto de partida para el proceso de aprendizaje.
a. los conocimientos previos son construcciones personales que los sujetos han elaborado en interacción con el mundo cotidiano, con los objetos, con las personas y en diferentes experiencias sociales o escolares;
b. la interacción con el medio proporciona conocimientos para interpretar conceptos pero también deseos, intenciones o sentimientos de los demás;
c. los conocimientos previos que construyen los sujetos no siempre poseen validez científica. Es decir, pueden ser teóricamente erróneos;
d. estos conocimientos suelen ser bastante estables y resistentes al cambio y tienen un carácter implícito.
El origen de los conocimientos previos es diverso pero, básicamente, pueden agruparse en tres categorías:
Concepciones espontáneas: se construyen en el intento de dar explicación y significación a las actividades cotidianas. En el ámbito de las ciencias naturales –especialmente en el mundo físico se aplican reglas de inferencia causal a los datos recogidos mediante procesos sensoriales y perceptivos.
b. Concepciones transmitidas socialmente: se construyen por creencias compartidas en el ámbito familiar y/o cultural. Estas ideas son inducidas en los alumnos especialmente en lo que se refiere a hechos o fenómenos del campo de las ciencias sociales.
c. Concepciones analógicas: a veces, por carecer de ideas específicas socialmente construidas o por construcción espontánea, se activan otras ideas por analogía que permiten dar significado a determinadas áreas del conocimiento. Las analogías se basan en conocimientos ya existentes.
Organizar la enseñanza desde los conocimientos que ya poseen los alumnos es fundamental puesto que, frente a una nueva información o a un nuevo material, los niños/as ponen en juego conocimientos anteriores, a partir de los cuales interpretan los nuevos contenidos. Ésta es, una diferencia esencial entre el aprendizaje memorístico y el aprendizaje significativo.
Segunda etapa del trabajo:
A-Seguramente en este momento del trabajo los niños/as hayan podido contextualizar la acción que transcurre durante la Invasión Inglesa al Río de La Plata en 1807 hay en el cuento pistas que les permiten descubrir este hecho y no olvidemos que hemos puesto en juego los conocimientos previos.
Algunas pistas con respecto al espacio, al tiempo:
…La circunstancia de haber nacido en Orense, aunque mis padres me trajeron a Buenos Aires…
…, aquello que sucedió en 1807, exactamente el 5 de julio de 1807.
… El 5 de julio de 1807 -habría transcurrido un lustro desde que entreví fugazmente a mis vecinas en su patio- fue para mi vida, como lo fue para Buenos Aires, un día decisivo.
B- Observaremos con atención los croquis y planos que realizaron los niños, en realidad esta actividades tiene complejidad para ellos porque deben en primer lugar elaborar un plano con los datos que brinda el cuento y en segundo lugar no es nada sencillo sino tienen la ejercitación del procedimiento llegar desde la tridimensionalidad y bidimensionalidad a la representación del plano.
Algunas pistas del cuento para la elaboración del plano:
… acerca de la casa que de niños llamábamos `la casa cerrada` y que se levanta todavía junto a la que fue del doctor Miguel Salcedo, entre el convento de Santo Domingo y el hospital de los Betlemitas. Frente a ella viví desde mi infancia, en esa misma calle, entonces denominada de Santo Domingo y que luego mudó el nombre para ostentar uno glorioso: Defensa.
Llega el momento de confrontar la ficción con la realidad y comenzamos a trabajar con documentos que nos proporciona la Historia.
Secuencia de actividades:
1) Observar planos del Buenos Aires colonial.
2) Observar imágenes (pinturas, litografías) del Buenos Aires colonial.
3) Comparar con la producción del niño/a.
4) Redibujar el croquis o plano. (Propuesta de autoevaluación).
Plano de autor anónimo 1782
"Planta de Buenos Aires" por José Bermúdez, en él se señalan el riachuelo como "Canal de Riachuelo con tres pies de agua" y las características del río con las letras: R: muelle que se puede hacer; S: canal donde dan fondo los navíos distante tres leguas; T: Pozo de la Merced donde dan fondo las embarcaciones; V: Pozo de San Francisco
(2) Departamento de Estudios Históricos de la Armada Argentina.
Plano de Buenos Aires, atribuido al P.José Quiroga, realizado por encargo del gobernador Andonaegui. Publucado por el P.Charlevoir en su "Histoire du Paraguay" en Paris, 1756
Con respecto a la fachada de la casa cerrada, por la experiencia ante la realización de la propuesta ,he observado que les cuenta mucho a los niños/as a pesar que saben que es una casa de fines del S XVIII y las pistas que presenta el cuento que les dificulta poder dibujarlas por lo general hacen dibujos autoreferenciales.
Secuencia de actividades:
1) Buscar en libros, manuales, pinturas, láminas, revistas, imágenes de casas de la colonia.
2) Observar las imágenes, hacerle preguntas a la imagen, descubrir detalles.
3) Comparar con la producción del nino/a.
4) Redibujar la “casa cerrada”.(Propuesta de autoevaluación)
Fachada casa Mitre. La casa es una típica edificación colonial que fue construida a finales del siglo XVIII.
Casa colonial característica de la arquitectura de principios del siglo XIX, con sus rejas y teja muslera.
Casa de Liniers
Venezuela Nº 469 / Fines del Siglo XVII
Al solicitar dibujar el plano de la casa cerrada seguramente observaremos muchos de los aspectos que destaqué con anterioridad, la dificultad del niño/a para pensar e imaginar contextos” lejanos”.
Secuencia de actividades:
Observar el plano de casas coloniales.
1) Situar a los protagonistas del relato en los diferentes espacios de la casa.
2) Responder preguntas: ¿Qué dependencia frecuentaría la madre y sus hijas? ¿En qué dependencia se encontraba la mayor parte del tiempo la mulata? ¿Por qué crees que era así?¿Qué haría en cada una? ¿Qué era una mulato/a? ¿Qué actividades desarrollaron en el Río de La Plata? ¿Cuántos eran? ¿Desde dónde llegaban?
3) Realizar con material descartable una maqueta de la casa cerrada.
Casa Colonial de dos pisos.
Para el desarrollo de los puntos 7 y 8 seguramente deberemos recurrir a la observación de imágenes si los uniformes dibujados por los niños no se acercan a la realidad.
Secuencia de actividades:
Pistas en el relato:... Nadie hubiera reconocido nuestro uniforme blanco y azul.
1) Buscar en libros de historia imágenes de los distintos regimientos que participaron de las invasiones inglesas y en la defensa de la ciudad de Buenos Aires. Es importante en estas imágenes en particular que se pueda observar el color.
2) Observar las imágenes
3) Comparar con las producciones de los niños/as.
4) Confeccionar con retazos de telas y pegarlos en la carpeta los uniformes correspondientes a los soldados ingleses y a los soldados que defendían Buenos Aires.(Actividad de evaluación)
Regimiento de Patricios de Buenos Aires de 1807.
Regimiento Gallego Buenos Aires 1807
Segundas Invasiones Inglesas
-5 de Julio de 1807
Plaza de la Victoria en el momento
del desarme británico
[ Alfonso Granja, Buenos Aires 1895 ]
( Gentileza del Museo Naval de la Nación, Tigre )
Sitio web: Museo de la Estancia Jesuita de Alta Gracia y casa del virrey Liniers.
Para el punto 9 donde se recrea la defensa de la ciudad:
Secuencia de actividades:
1) Solicitarles a los niños/as que transcriban en la carpeta las pistas que encontraron en el cuento y les permitió reconstruir la escena por ejemplo:
…Me hallé entre los cincuenta o sesenta granaderos que a bayonetazos abrieron un camino entre las balas…
…. Los carros de municiones, volcados, interceptaban la marcha. Los brazos de los heridos aparecían entre los sables y los fusiles tirados al azar.
… Desde la torre del convento, transformada en fortaleza, los ingleses sembraban el estrago. Había soldados en todos los techos y también vecinos y muchas mujeres que arrojaban piedras y agua hirviendo sobre los invasores.
… Varela entró a escape con la mitad de su tropa en la casa del doctor Salcedo. A poco le vimos surgir entre los balústres de la azotea, encendido, vociferante, y abrir el fuego contra el campanario de los dominicos. Nos ordenó a gritos, a quienes todavía quedábamos en la calle, que hiciéramos lo mismo desde la casa lindera.
… nos ensordecían las descargas y nos sofocaba la pólvora.
2) Subraya sobre las oraciones y párrafos transcriptos las armas que se utilizaron para la defensa de Buenos Aires.
3) Observa esta imagen y compárala con tu producción.
4) Destaca similitudes y diferencias.
Trabajamos con la consigna 10:
Observamos detenidamente los dibujos de los niños/as y por la experiencia mencionada anteriormente la vestimenta por lo general no se ajusta a la realidad y algo que poderosamente me ha llamado la atención es que la mulata no aparece en el trabajo de los niños/as a pesar de estar muy claro en el cuento que habita la “casa cerrada”.
1) Trabajamos para lectura de fuentes reconocer la sociedad colonial en general y los grupos sociales en particular en relación al lugar de origen- etnia- ocupación- género a través de la lectura de fuentes.
2) Observamos imágenes de mujeres de la colonia.
La historia tradicional ha relegado a la invisibilidad la presencia de la mujer, y esto también ha pasado en los procesos de enseñanza aprendizaje. “La esencia de una Nación es que todos los individuos tengan muchas cosas en común, pero también que todos hayan olvidado las mismas cosas” decía Ernest Renan.
La omisión de la mujer en el relato histórico es una marca evidente y perfeccionada por la enseñanza escolar. La mujer ha sido esposa, hija, esclava, compañera, pero de su acción poco se ha escrito.
Siguiendo la escuela francesa de los Annales, centramos la mirada en los aspectos materiales de la vida cotidiana, y a partir de la indagación del interior de las casas, de los conventos, la comida, el vestuario, rituales, redescubrimos en estos escenarios a las mujeres, este lugar marginal y relegado de lo público era el espacio otorgado por el hombre en el período histórico estudiado. (Colonial). De esta manera conceptualizamos el género como una herramienta imprescindible para el análisis de las dimensiones culturales de los discursos y las prácticas acerca de mujeres y varones, entendiendo por género a la asignación de atributos y conductas a los individuos según su pertenencia a un sexo biológico. Para ir dejando atrás la única y típica “dama antigua” tan estereotipada en la escuela primaria.
Actividad posible:
1) Solicitar que transcriban en la carpeta todos los nombres de los personajes mencionados.
2) Leer de documentos que aportará el docente o del manual de uso en el aula sobre el tema la invasión inglesa y la defensa de Buenos Aires y discernir sobre que personajes son ficticios, propios del cuento y cuales reales para la historia.
Propuesta de Evaluación final 1:
Con lo lugares que se han extraído textualmente del cuento y con imágenes reconstruir un día de un habitante de Buenos Aires a principios del siglo XIX.
El convento de Santo Domingo- el hospital de los Betlemitas- la Plaza de Toros- el Retiro - la misa del alba en los franciscanos- el fango que cubría las calles.
Propuesta de Evaluación final 1:
Imagina la siguiente situación: con las siguientes palabras extraídas textualmente del cuento recrea un día de un habitante de una casa que tenga las distintas dependencias debajo mencionadas y los elementos . Deberás narrar en primera persona del singular.
El estrado- postigos las rejas- las azoteas- la torre del convento- el campanario de los dominicos -dos patios –el techo -una frágil escalerilla- las salas -las alcobas- el brocal del aljibe.
Bibliografía:
“Casa cerrada” en Misteriosa Buenos Aires de Manuel Mujica Lainez.
Efemérides entre el Mito y la Historia. Perla Zelmanovich y Diana Gonzalez.
Manuales de uso áulico para segundo Ciclo de EGB.
Páginas web para obtener imágenes.
Anexo 1
LA CASA CERRADA en Misteriosa Buenos Aires 1950.
MANUEL MUJICA LAINEZ
________________________________________
El texto de esta confesión ha sido bastante modernizado por nosotros, suprimiendo párrafos inútiles, condensando algunos y añadiendo aquí y allá un retoque. Ignoramos el nombre de su autor.
"... Quizá lo más lógico, para la comprensión plena de lo que escribo, fuera que yo le hablara ante todo, Reverendo Padre, acerca de la casa que de niños llamábamos `la casa cerrada` y que se levanta todavía junto a la que fue del doctor Miguel Salcedo, entre el convento de Santo Domingo y el hospital de los Betlemitas. Frente a ella viví desde mi infancia, en esa misma calle, entonces denominada de Santo Domingo y que luego mudó el nombre para ostentar uno glorioso: Defensa.
¡Cuánto nos intrigó a mis hermanos y a mí la casa cerrada! Y no sólo a nosotros. Recuerdo haber oído una conversación, siendo muy muchacho... que mi madre mantuvo en el estrado con algunas señoras... y en la cual aludieron misteriosamente a ella. También las inquietaba, también las asustaba y atraía, con sus postigos siempre clausurados detrás de las rejas hostiles, con su puerta que apenas se entreabría de madrugada para dejar salir a sus moradores, cuando acudían a la misa del alba en los franciscanos y, poco más tarde, a la mulata que iba de compras. No necesito decirle quiénes habitaban allí. Con seguridad, si hace memoria, lo recordará usted. Harto lo sabíamos nosotros: eran una viuda todavía joven, de familia acomodada, y sus dos hijas. Nada justificaba su reclusión. Las mozas crecieron al mismo tiempo que nosotros, pero jamás cambiaron ni con mis hermanos ni conmigo ni con nadie que yo sepa, una palabra. Se rebozaban como monjas para concurrir al oficio temprano. Luego conocí el motivo de su enclaustramiento. Por él he sufrido mi vida entera; a causa de él le escribo hoy con mano temblorosa, cuando la muerte se aproxima. Debí hacerlo antes y lo intenté en varias oportunidades, pero me faltó audacia.
En una ocasión ellas tendrían alrededor de quince años- pude ver el rostro de mis jóvenes vecinas. La curiosidad nos inflamaba tanto, que mi hermano mayor y yo resolvimos correr la aventura de deslizarnos hasta la casa frontera por las azoteas que la cercaban. ¡Todavía me palpita el corazón al recordarlo! Aprovechamos la complicidad de un amigo que junto a ellas vivía y... silenciosos como gatos, conseguimos asomarnos con terrible riesgo a su patio interior. Allí estaban las dos muchachas, sentadas en el brocal del aljibe, peinándose. Eran muy hermosas, Reverendo Padre, con una hermosura blanquísima, de ademanes lentos; casi irreal. Las mirábamos desde la altura, escondidos por un enorme jazminero, y se dijera que el perfume penetrante ascendía de sus cabelleras negras, lustrosas, tendidas al sol. Desde entonces no puedo oler un jazmín sin que en mi memoria renazca su forma blanca y negra. Fue la única vez que las vi., hasta lo otro, lo que le narrare mas adelante, aquello que sucedió en 1807, exactamente el 5 de julio de 1807.
La circunstancia de haber nacido en Orense, aunque mis padres me trajeron a Buenos Aires cuando empezaba a caminar, hizo que después de la primera invasión inglesa me incorporara al Tercio de Galicia. Intervine con esas fuerzas en acontecimientos que ahora, tantos años después, su osadía torna mitológicos.
El 5 de julio de 1807 -habría transcurrido un lustro desde que entreví fugazmente a mis vecinas en su patio- fue para mi vida, como lo fue para Buenos Aires, un día decisivo.
A las ordenes del capitán Jacobo Adrián Varela tocóme defender la Plaza de Toros, en el Retiro. Me hallé entre los cincuenta o sesenta granaderos que a bayonetazos abrieron un camino entre las balas, para organizar la retirada desde esa posición que cayó luego en poder del brigadier Auchmuty. Nuestra marcha a través de la ciudad alcanzó un heroísmo que señalaron los documentos oficiales. jamás la olvidaré. Jamás olvidaré el fango que cubría las calles, pues había llovido la noche anterior, y nuestro avance ciego entre las quintas abandonadas donde ladraban los perros, mientras retumbaban doquier los cañones y la fusilería. Mi jefe perdió las botas en el lodo; yo dejé un cuchillo, la faja... Nadie hubiera reconocido nuestro uniforme blanco y azul. Nadie hubiera reconocido a nadie, cuando corríamos por las calles entre las lucecitas moribundas, guiados por el clamor de los heridos y por la voz entrecortada de Varela que nos alentaba a seguir.
Llegamos así, negros de cieno y de sangre, hasta mi barrio. Allí nos enteramos de que Sir Denis.Pack, herido por los patricios, se había refugiado en Santo Domingo con sus hombres. Otros refuerzos se le sumaron, encabezados por el general Crawford. La confusión era atroz. Los carros de municiones, volcados, interceptaban la marcha. Los brazos de los heridos aparecían entre los sables y los fusiles tirados al azar. Aquí, y allá, los trajes de los britanos coagulaban sus manchas rojas. Desde la torre del convento, transformada en fortaleza, los ingleses sembraban el estrago. Había soldados en todos los techos y también vecinos y muchas mujeres que arrojaban piedras y agua hirviendo sobre los invasores.
Varela entró a escape con la mitad de su tropa en la casa del doctor Salcedo. A poco le vimos surgir entre los balústres de la azotea, encendido, vociferante, y abrir el fuego contra el campanario de los dominicos. Nos ordenó a gritos, a quienes todavía quedábamos en la calle, que hiciéramos lo mismo desde la casa lindera. Esa casa, Reverendo Padre, era la casa cerrada.
Estaba cerrada como siempre. En la azotea distinguí a la dueña y sus dos hijas. Iban y venían, enloquecidas, con tachos humeantes. Uno de los oficiales se acercó a la puerta y trató de abrirla pero no pudo. Entonces nos comandó a otros dos granaderos y a mí -a mí, precisamente a mí que destrozáramos la cerradura. Fue una impresión extraña, independiente de cuanto sucedía alrededor, algo que no tenía nada que ver con la guerra espantosa y que me incomunicaba con ella. ¿Cómo explicárselo? Fue como si en ese instante comenzara mi guerra, mi propia guerra personal, en el huracán de la otra, la grande, que por doquier me envolvía pero de la cual me separaba una zona indefinible.
Nos precipitamos hacia el interior, cruzamos como un torbellino los dos patios y ascendimos al techo por una frágil escalerilla. Las mujeres nos recibieron sin decir palabra. En verdad, no teníamos tiempo para ocuparnos de su actitud. Lo único que nos movía era matar, matar rabiosamente. Y lo hicimos.
El capitán Varela apareció entre nosotros. Se dirigió a mí y a quienes me rodeaban.
-Vayan abajo -nos dijo brevemente y secunden el tiroteo desde las ventanas.
De inmediato le obedecimos, mas cuando nos aprestábamos a lanzarnos por los peldaños, se nos cruzó la señora. Advertí entonces, en un relámpago, que ella también debía haber sido muy hermosa, acaso tan hermosa como sus hijas.
Nos suplicó:
-No, abajo no...
De un empellón la hicieron a un lado. Y ya estábamos en las salas y en las alcobas, ya arrastrábamos los muebles, ya entreabríamos los postigos con los caños de los fusiles.
¡La otra habitación! -me ordenó un oficial-. ¡La última! ¡Encárguese usted!
Penetré allí automáticamente. Todo se hacia automáticamente ese día en que nos ensordecían las descargas y nos sofocaba la pólvora.
Era un aposento pequeño. Estaba a oscuras. Calculé la posición de la ventana por la fina hendidura que en torno del postigo dibujaba un hilo de luz. Me adelanté a tientas y de un culatazo separé las hojas. No pensé más que en continuar matando, pero entre tanto la atmósfera de la casa pesaba sobre mi nuca como algo viviente, sólido. Cuando me detuve para cargar el arma, observé que a mi lado estaba la señora. La acompañaban sus dos hijas. Me miraban con ojos dementes. Hice un movimiento para aproximarme y sosegarlas, y las tres retrocedieron hacia el fondo del cuarto que yacía en penumbra. Detrás de ellas se levantó algo que no puedo definir sino como un gruñido, un angustiado gruñido de animal.
Por segunda vez desde que había violado la clausura, me sobrecogió la sensación rarísima de que estaba viviendo un episodio aparte de los que sacudían a la ciudad. Fue - claro que por un momento- como si la lucha de las calles y de las azoteas no tuviera significado en sí misma, como si sólo sirviera de encuadramiento remoto a otro drama, íntimo, agudo, sutil, del cual éramos los únicos protagonistas.
Recordé entonces que antes, a lo largo de los años, había escuchado ese mismo grito ronco. Se alzaba en mitad de la noche y me estremecía, en mi cuarto cercano, con su inflexión inhumana, agorera.
Di un paso hacia las mujeres.
-No -pronunció la señora-, por favor, por favor, no...
Detrás, en la sombra, vi. al ser horrible. ¿Necesito describírselo, Reverendo Padre? Se trataba, indudablemente, de un hombre. De hombre tenía la cabeza barbuda, pero su cuerpecito diminuto era el de un niño, con excepción de las manos grandes, cubiertas de vello, obscenas. Clavó en mí los ojos malignos, y por ellos reconocí su parentesco con las muchachas. Era su hermano. Ese monstruo era su hermano.
El tableteo de las balas ahogó mi exclamación. De un salto me acurruqué en mi puesto de combate. Mientras apuntaba, el corazón me latía loco. A veinte pasos cayó un inglés con los brazos extendidos, un inglés muy rubio, casi tan dorado el pelo como las charreteras.
En la habitación, la madre se echó a llorar. Gruñó el monstruo. Yo seguía tirando. Ya lo comprendía todo. Ya poseía el secreto de la casa cerrada, de la prisión de esas mujeres jóvenes y bellas, a quienes el feroz orgullo materno obligaba a encarcelarse para que nadie supiera lo que yo sabía.
El oficial bramó a través de la puerta:
¡A la calle, a la calle, a Santo Domingo!
Me ajusté el cinturón. Mis campañeros me llamaban. Me volví para seguirles. Nada había cambiado en el fondo del aposento. La madre, sentada en el lecho, gemía tapándose los oídos. Detrás asomaba la cabeza diabólica, oscilante, babeante. Las dos hijas se abrazaban con miedo. Me miraron y adiviné en su crispación anhelosa un ruego desesperado. Fue como si súbitamente una oleada del fresco perfume de los jazmines me envolviera en pleno mes de julio. Todavía me quedaba una bala en el fusil. Reverendo Padre, cualquier hombre hubiera hecho lo que hice. Un tiro seco, un solo tiro seco... ¡A tantos otros había muerto ese mismo día desde la retirada de la Plaza de Toros: oficiales fuertes y esbeltos, soldados que apenas salían de la adolescencia, a tantos, a tantos! Cayó la cabeza espantosa, como en un juego, como si fuera una cabeza de cartón y de lana...
Hasta hoy me persigue el alarido de la madre, hasta hoy, como me persiguió el 5 de julio de 1807 en mi fuga por la calle de Santo Domingo negra y roja de cadáveres, lejos de la casa cuyas puertas había arrancado..."
domingo, 8 de julio de 2007
Cuentos para trabajar las efemérides patrias
Un paseo preocupante por Griselda de la Iglesias
Un paseo, ¡qué lindo un paseo por la ciudad!- pensó Josefina, cuando su amita le anunció que debía ir a repartir las tarjetas de invitación para la tertulia de mañana, pero la alegría se fue poco a poco convirtiendo en preocupación y mucha pero mucha angustia.
Los invitados eran unos cuantos, eso significaba que estaría caminando de aquí para allá unas cuantas horas y seguro, seguro terminaría cansada, y además debería tener cuidado de no perderse.
Para eso tenía que caminar entre los límites de la ciudad (al sur la calle de México, al norte la de Cangallo, al oeste las iglesias de San Miguel y San Nicolás).
El peligro era perderse en el suburbio.
Las tarjetas más sencillas de repartir eran en las únicas casa que tenían azotea como la de Constanzo y del Pino, el resto de las casas eran de un solo piso, bajas y macizas, de paredes anchas de ladrillo, asentado en barro y al fondo las magníficas huertas de treinta o cuarenta varas.
El problema de Josefina surgiría si no terminaba de repartir las invitaciones temprano antes que oscureciera, porque otro de los grandes peligros eran las rejas, sí eran el peligro de la noche, muchas de ellas se extendían hasta el cordón de la vereda alumbradas por una mísera luz y más de uno desatento se había roto la nariz o un brazo.
Pero Josefina no debía pensar en eso, tenía que apurar el reparto de tarjetas.
Miró el montón que le quedaba y empezó a dolerle la cabeza, de sólo mirar se sintió cansada, aún tenía que ir a lo de Tomasa de la Quintana de Escalada, María Eugenia Escalada de De María, Casilda Igarzabal de Rodríguez Peña, Juana Pueyrredón de Saénz Valiente, María Mercedes Coronel de Paso, iba de casa en casa y el montón no bajaba.
Aparte de cansada, Josefina estaba embarrada de los píes a la cabeza ¡sí como escuchaste! ¡de los píes a la cabeza!, un gran temporal había dejado las calles hechas un desastre, el agua corría en forma de arroyo con saltos y cascadas, los pantanos parecían lagunas y los charcos no se terminaban de secar, por esto nada ni nadie se salvaba de un baño de barro líquido, cuando digo ni nada, ni nadie, esto es verdad, los frentes de las casas recién blanqueados, los lecheros, panaderos, paseantes, el señor, la señora que caminaban rumbo a la iglesias, nada ni nadie.
Si se veía venir un caballo al trote, más la yegua y el potrillo que lo seguía, ahí sí que más vale que te corras del lugar porque el enchastre estaba asegurado. Esto le había pasado a Josefina, apurada y cansada, la tomaron por sorpresa y la bañaron completa. Faltan sólo dos, sólo dos –pensaba Josefina- la de Manuela Telechea de Pueyrredón y la de Juana Lezica de Riglos, un esfuerzo más-pensó-.
¡Por fin terminó! Y se dispuso regresar a la casa –no se sabe si más cansada que embarrada o más embarrada que cansada-. Pero a pesar de todo no había sido tan feo el paseo, en medio del chapuzón marrón… lo había visto a él y de esto estaba segura, le había encantado.
Bibliografía:
Cicerchia Ricardo, “Historia de la vida privada en la Argentina”, Editorial Troquel.
Battolla Octavio, “La sociedad de antaño”, Editorial Emecé.
Lucía, acalorada por Griselda de la Iglesias
¡Qué calor! ¡Qué calor! –pensaba Lucia-.
Faltaba un rato largo, largo para el atardecer y con su familia ir hasta el río a refrescarse en el único lugar posible que había en Buenos Aires: el Río de La Plata.
Allí no estaría solamente la familia de Lucia, sino todas las familias que buscaban en sus aguas un poco de alivio que no podían encontrar frente a los calcinantes rayos de sol –cuando digo todos- es porque estaban todos, los papás, las mamás, los hijos, los magistrados, los prósperos comerciantes, piadosos sacerdotes y también cerca muy cerca las lavanderas.
A Lucia le alegraba saber que pronto, muy pronto, irían al río ¡porque la verdad, tenía calor! Pero esto significaba que, solucionaba el problema del calor pero empezaba otro ¿saben cuál? Sacarse la ropa y entrar al agua, no le tenía miedo al agua, no, ese no era su problema ¡era que llevaba mucha ropa puesta!
La que la ayudaba en esta tarea ¡difícil tarea!, era Josefina (si había llegado del río y no estaba cansada, después de lavar la ropa de toda la familia, cargarla sobre su cabeza y caminar hasta la casa) por supuesto que la pobre siempre estaba cansada.
Las dos compartían esta tarea, la de quitarse la ropa, que para Lucia era todo un problema. Lo hacían despacio, paso a paso, siempre de la misma manera, habían encontrado la receta:
Primero: la mantilla de gasa amarilla. ¡Qué menos mal!, no se sujetaba ni con broche, ni alfiler, sólo con las manos o con la punta del abanico el que Lucía usaba no sólo pro el calor insoportable sino que también lo usaba para ocultar sus lindos ojos o descubrir su cara si pasaba algún joven que le gustaba.
Segundo: el vestido de seda clara y algodón con finísimos encajes.
Tercero la enagua de tafetán que también tenía encajes de color amarillo.
Cuarto: los zapatos que hacía su mamá (que no eran amarillos) eran de raso negro, sin taco y con suelas que le preparaba el zapatero amigo de la familia.
Quinto: las medias de seda con bordado amarillo.
Llegaron al río y se escuchaba-¡vamos mi niña!, que ya oscurece, la apuraba Josefina y Lucía con un gran y suelto traje de baño entraba al agua.
Como el agua es muy baja, Lucia caminaba hasta llegar a los dos pies de profundidad y entonces se sentaba, se refrescaba y lavaba su cuerpo.
Pero la calma y el refresco no duraba mucho tiempo, primero porque estaba oscureciendo y Lucía debía caminar con sus largos cabellos que colgaban hasta cerca del suelo para secárselos y segundo porque comenzaba un nuevo problema: ponerse la ropa para regresar a la casa y esperar al próximo atardecer.
Bibliografía:
Cicerchia Ricardo, “Historia de la vida privada en la Argentina”, Editorial Troquel.
Battolla Octavio, “La sociedad de antaño”, Editorial Emecé.
Josefina está cansada por Griselda de la Iglesias
Soy Josefina, estoy muy cansada -¿les cuento por qué?-
Recién llegué del río, la señora me mandó y no tuve más remedio que ir.
Es bastante lejos, en la ribera, el norte y sur del Fuerte, esto que les cuento es importante pero lo más importante que aún no les conté es que tengo que ir caminando, cuadra por cuadra y sobre mi cabeza cargo el atado de ropa ¡ojo que no dije atadito!, es un atado grande muy grande, la familia es numerosa: la amita, el amo, sus seis hijos y por supuesto también llevo mi ropa ¡Cuánto trabajo! La golpeo sobre las piedras, le pongo jabón hecho de cenizas y hierbas, la enjuago bien y la dejo secar en la orilla del río, por eso tardo tanto en regresar a la casa y también por eso es que estoy tan cansada.
Y hoy para colmo no fue un día fácil para mí ni para todas las lavanderas porque no estoy sola en el río, somos muchas, todas trabajamos todo el tiempo pero te cuento que también nos hacemos un ratito para cantar y hablar de nuestras cosas, pero a veces se hace ¡un barullo bárbaro!, hablamos todas juntas ¡y hasta tenemos que gritar para entendernos!-realmente eso no deberíamos hacer-y lo peor es que los vecinos se quejan por el batifondo-¡pero de cuantos chismes me entero!
No sólo los vecinos se quejan por el barullo sino también porque al lavar la ropa en el río dejamos las aguas teñidas de espuma y suciedad y ¿saben cuál es el problema? Que muchos aguateros que venden en la ciudad el agua que utiliza la gente, la recogen de aquí ¡sí del río! ¡Del río! –Como escuchas- No todas las casas de familia tienen aljibe para juntar el agua de lluvia más pura y limpia-por suerte en la casa de mi amita hay un aljibe y ¿sabes qué hay en el fondo? ¡Una tortuga! ¡Sí una tortuga como escuchas! Para que limpie el agua.
Y bueno, se quejan, se quejan pero ¿dónde vamos a lavar la ropa? ¿Dónde?
Nosotras, las lavanderas, también nos quejamos, pero a nosotras no nos escuchan, no porque no gritemos y los demás sean sordos-les cuento que muchos chicos que viven cerca de la costa son nuestros peores enemigos, los muy sinvergüenzas para divertirse cuando estamos entretenidas conversando de nuestras cositas como les conté ¡nos mezclan la ropa, la esconden y a veces hasta la roban! – Pero cuando nos damos cuenta- empezamos a correr y a correr a los muy pillos y creo que por esto que les conté, es que también estoy tan pero tan cansada.
Bibliografía:
Cicerchia Ricardo, “Historia de la vida privada en la Argentina”, Editorial Troquel.
Estos cuentos los escribí con mucho amor pensando en mis hijas por eso las protagonistas llevan sus nombres Lucia y Josefina.
Un paseo, ¡qué lindo un paseo por la ciudad!- pensó Josefina, cuando su amita le anunció que debía ir a repartir las tarjetas de invitación para la tertulia de mañana, pero la alegría se fue poco a poco convirtiendo en preocupación y mucha pero mucha angustia.
Los invitados eran unos cuantos, eso significaba que estaría caminando de aquí para allá unas cuantas horas y seguro, seguro terminaría cansada, y además debería tener cuidado de no perderse.
Para eso tenía que caminar entre los límites de la ciudad (al sur la calle de México, al norte la de Cangallo, al oeste las iglesias de San Miguel y San Nicolás).
El peligro era perderse en el suburbio.
Las tarjetas más sencillas de repartir eran en las únicas casa que tenían azotea como la de Constanzo y del Pino, el resto de las casas eran de un solo piso, bajas y macizas, de paredes anchas de ladrillo, asentado en barro y al fondo las magníficas huertas de treinta o cuarenta varas.
El problema de Josefina surgiría si no terminaba de repartir las invitaciones temprano antes que oscureciera, porque otro de los grandes peligros eran las rejas, sí eran el peligro de la noche, muchas de ellas se extendían hasta el cordón de la vereda alumbradas por una mísera luz y más de uno desatento se había roto la nariz o un brazo.
Pero Josefina no debía pensar en eso, tenía que apurar el reparto de tarjetas.
Miró el montón que le quedaba y empezó a dolerle la cabeza, de sólo mirar se sintió cansada, aún tenía que ir a lo de Tomasa de la Quintana de Escalada, María Eugenia Escalada de De María, Casilda Igarzabal de Rodríguez Peña, Juana Pueyrredón de Saénz Valiente, María Mercedes Coronel de Paso, iba de casa en casa y el montón no bajaba.
Aparte de cansada, Josefina estaba embarrada de los píes a la cabeza ¡sí como escuchaste! ¡de los píes a la cabeza!, un gran temporal había dejado las calles hechas un desastre, el agua corría en forma de arroyo con saltos y cascadas, los pantanos parecían lagunas y los charcos no se terminaban de secar, por esto nada ni nadie se salvaba de un baño de barro líquido, cuando digo ni nada, ni nadie, esto es verdad, los frentes de las casas recién blanqueados, los lecheros, panaderos, paseantes, el señor, la señora que caminaban rumbo a la iglesias, nada ni nadie.
Si se veía venir un caballo al trote, más la yegua y el potrillo que lo seguía, ahí sí que más vale que te corras del lugar porque el enchastre estaba asegurado. Esto le había pasado a Josefina, apurada y cansada, la tomaron por sorpresa y la bañaron completa. Faltan sólo dos, sólo dos –pensaba Josefina- la de Manuela Telechea de Pueyrredón y la de Juana Lezica de Riglos, un esfuerzo más-pensó-.
¡Por fin terminó! Y se dispuso regresar a la casa –no se sabe si más cansada que embarrada o más embarrada que cansada-. Pero a pesar de todo no había sido tan feo el paseo, en medio del chapuzón marrón… lo había visto a él y de esto estaba segura, le había encantado.
Bibliografía:
Cicerchia Ricardo, “Historia de la vida privada en la Argentina”, Editorial Troquel.
Battolla Octavio, “La sociedad de antaño”, Editorial Emecé.
Lucía, acalorada por Griselda de la Iglesias
¡Qué calor! ¡Qué calor! –pensaba Lucia-.
Faltaba un rato largo, largo para el atardecer y con su familia ir hasta el río a refrescarse en el único lugar posible que había en Buenos Aires: el Río de La Plata.
Allí no estaría solamente la familia de Lucia, sino todas las familias que buscaban en sus aguas un poco de alivio que no podían encontrar frente a los calcinantes rayos de sol –cuando digo todos- es porque estaban todos, los papás, las mamás, los hijos, los magistrados, los prósperos comerciantes, piadosos sacerdotes y también cerca muy cerca las lavanderas.
A Lucia le alegraba saber que pronto, muy pronto, irían al río ¡porque la verdad, tenía calor! Pero esto significaba que, solucionaba el problema del calor pero empezaba otro ¿saben cuál? Sacarse la ropa y entrar al agua, no le tenía miedo al agua, no, ese no era su problema ¡era que llevaba mucha ropa puesta!
La que la ayudaba en esta tarea ¡difícil tarea!, era Josefina (si había llegado del río y no estaba cansada, después de lavar la ropa de toda la familia, cargarla sobre su cabeza y caminar hasta la casa) por supuesto que la pobre siempre estaba cansada.
Las dos compartían esta tarea, la de quitarse la ropa, que para Lucia era todo un problema. Lo hacían despacio, paso a paso, siempre de la misma manera, habían encontrado la receta:
Primero: la mantilla de gasa amarilla. ¡Qué menos mal!, no se sujetaba ni con broche, ni alfiler, sólo con las manos o con la punta del abanico el que Lucía usaba no sólo pro el calor insoportable sino que también lo usaba para ocultar sus lindos ojos o descubrir su cara si pasaba algún joven que le gustaba.
Segundo: el vestido de seda clara y algodón con finísimos encajes.
Tercero la enagua de tafetán que también tenía encajes de color amarillo.
Cuarto: los zapatos que hacía su mamá (que no eran amarillos) eran de raso negro, sin taco y con suelas que le preparaba el zapatero amigo de la familia.
Quinto: las medias de seda con bordado amarillo.
Llegaron al río y se escuchaba-¡vamos mi niña!, que ya oscurece, la apuraba Josefina y Lucía con un gran y suelto traje de baño entraba al agua.
Como el agua es muy baja, Lucia caminaba hasta llegar a los dos pies de profundidad y entonces se sentaba, se refrescaba y lavaba su cuerpo.
Pero la calma y el refresco no duraba mucho tiempo, primero porque estaba oscureciendo y Lucía debía caminar con sus largos cabellos que colgaban hasta cerca del suelo para secárselos y segundo porque comenzaba un nuevo problema: ponerse la ropa para regresar a la casa y esperar al próximo atardecer.
Bibliografía:
Cicerchia Ricardo, “Historia de la vida privada en la Argentina”, Editorial Troquel.
Battolla Octavio, “La sociedad de antaño”, Editorial Emecé.
Josefina está cansada por Griselda de la Iglesias
Soy Josefina, estoy muy cansada -¿les cuento por qué?-
Recién llegué del río, la señora me mandó y no tuve más remedio que ir.
Es bastante lejos, en la ribera, el norte y sur del Fuerte, esto que les cuento es importante pero lo más importante que aún no les conté es que tengo que ir caminando, cuadra por cuadra y sobre mi cabeza cargo el atado de ropa ¡ojo que no dije atadito!, es un atado grande muy grande, la familia es numerosa: la amita, el amo, sus seis hijos y por supuesto también llevo mi ropa ¡Cuánto trabajo! La golpeo sobre las piedras, le pongo jabón hecho de cenizas y hierbas, la enjuago bien y la dejo secar en la orilla del río, por eso tardo tanto en regresar a la casa y también por eso es que estoy tan cansada.
Y hoy para colmo no fue un día fácil para mí ni para todas las lavanderas porque no estoy sola en el río, somos muchas, todas trabajamos todo el tiempo pero te cuento que también nos hacemos un ratito para cantar y hablar de nuestras cosas, pero a veces se hace ¡un barullo bárbaro!, hablamos todas juntas ¡y hasta tenemos que gritar para entendernos!-realmente eso no deberíamos hacer-y lo peor es que los vecinos se quejan por el batifondo-¡pero de cuantos chismes me entero!
No sólo los vecinos se quejan por el barullo sino también porque al lavar la ropa en el río dejamos las aguas teñidas de espuma y suciedad y ¿saben cuál es el problema? Que muchos aguateros que venden en la ciudad el agua que utiliza la gente, la recogen de aquí ¡sí del río! ¡Del río! –Como escuchas- No todas las casas de familia tienen aljibe para juntar el agua de lluvia más pura y limpia-por suerte en la casa de mi amita hay un aljibe y ¿sabes qué hay en el fondo? ¡Una tortuga! ¡Sí una tortuga como escuchas! Para que limpie el agua.
Y bueno, se quejan, se quejan pero ¿dónde vamos a lavar la ropa? ¿Dónde?
Nosotras, las lavanderas, también nos quejamos, pero a nosotras no nos escuchan, no porque no gritemos y los demás sean sordos-les cuento que muchos chicos que viven cerca de la costa son nuestros peores enemigos, los muy sinvergüenzas para divertirse cuando estamos entretenidas conversando de nuestras cositas como les conté ¡nos mezclan la ropa, la esconden y a veces hasta la roban! – Pero cuando nos damos cuenta- empezamos a correr y a correr a los muy pillos y creo que por esto que les conté, es que también estoy tan pero tan cansada.
Bibliografía:
Cicerchia Ricardo, “Historia de la vida privada en la Argentina”, Editorial Troquel.
Estos cuentos los escribí con mucho amor pensando en mis hijas por eso las protagonistas llevan sus nombres Lucia y Josefina.
Los objetos y los testimonios orales
Los objetos y los testimonios orales, la memoria presente.
Graciela Beatriz Cabal (1939-2004) nació en Barracas, Buenos Aires. Fue maestra, titiritera, editora y coordinadora de talleres de literatura. Desarrolló una vasta tarea como recopiladora de relatos populares y como difusora de temas sociales, ecológicos y de la salud.
Ha publicado más de setenta libros. Algunos de ellos son: Miedo, Batata, Secretos de familia, Azul. Para Alfaguara y Santillana escribió Tomasito, Tomasito y las palabras, Tomasito cumple dos, ¡Qué sorpresa, Tomasito!, Tomasito va al jardín, Las vacaciones de Tomasito, Barbapedro y otras personas, Cuentos con brujas, Mi amigo el Rey, El hipo y Vidas de cuento.
Recibió muchos premios por su obra, considerada entre las más importantes de la literatura infantil latinoamericana.
Personajes: El enano de jardín, Brigidita, Lucas y Juli (“Brigidita”)
Lugar: el jardín de un antiguo caserón del barrio de Barracas
Argumento: En “Brigidita” confluyen dos ejes: el del paso del tiempo y el de la conservación de la memoria familiar y del patrimonio nacional. Para ello se vale de tres narradores consecutivos. El primero es el enanito del jardín de una casona del siglo XIX, que recuerda los gloriosos momentos del parque, mientras asiste a su desmantelamiento. El segundo narrador es la misma Brigidita quien, ya anciana, intenta mantener vivos los recuerdos en su memoria, transmitiéndoselos a sus nietos. Y finalmente, la acción se desprende del ámbito de la intimidad para que un narrador en tercera persona relate el final, a cargo de dos de los nietos de la mujer.
[1]
Actividades:
Barracas: “...Construcciones precarias para almacenar cueros y otros productos del país que debían embarcarse en el Riachuelo, o recibir las mercaderías que llegaban del exterior”
( Enrique de Gandía )
Las fuentes materiales: otra mirada a los objetos que nos rodean
A diferencia de los documentos escritos y orales, que nos transmiten deliberadamente noticias, datos, situaciones, relatos, los documentos materiales nos ofrecen información en forma involuntaria, siendo la misma más cabal y objetiva al no estar mediada por la visión del autor. Son fuentes históricas primarias, ellas nos hablan de realidades pasadas y presentes, nos revelan un entramado de relaciones sociales, culturales, económicas.
Debemos buscar que los objetos se conviertan en vehículos que permitan no sólo, recrear y analizar situaciones pasadas sino también abrir una serie de contenidos relacionados con el entorno de los niños y adultos, que posibiliten contextualizar los objetos con los cuales se trabaje, ubicarlos en un espacio y un tiempo, deducir las características de la sociedad que los produjo, su función y valor.
Partir del estudio del objeto permite a los alumnos arribar a nuevas categorías, conceptos o generalizaciones; promueve el desarrollo del razonamiento inductivo que propone analizar casos particulares, haciendo derivar de ellos conclusiones generales, de ahí la importancia de contemplar diferentes pasos:
1) La observación implica mirar con un objetivo. Consiste en poder captar el mayor número de detalles y características, cualidades y valores de las formas, materiales y colores para llegar a la identificación, análisis y valoración de los componentes y facilitar su interpretación.
Observar no es solamente un acto visual sino un acto en el que intervienen todos los sentidos cuando es posible; supone un proceso mental. La mirada debe superar el nivel de las explicaciones espontáneas y evidentes y ver cosas distintas en lo mismo, desarrollando un espíritu de búsqueda.
Resulta conveniente confeccionar fichas de observación. El docente puede armar la ficha a partir de la sugerencia de los alumnos quienes le dirán qué es lo que quieren saber del objeto: de qué material está hecho, con qué tecnología lo elaboraron, para qué se usaba, cómo se usaba, quiénes lo usaban, etc.
2) La descripción del objeto implica enseñar a verlo, a leerlo, constatando las partes que lo componen, dándonles nombre a cada una de ellas y apreciando las relaciones que se establecen entre las mismas. Así, los alumnos se verán en la necesidad de adquirir una terminología apropiada para describir los objetos. También se hace necesario establecer una línea lógica para la descripción, por ejemplo: rasgos físicos, construcción, diseño, función, valor y un orden para llevarla a cabo: abajo-arriba; arriba-abajo, derecha-izquierda. Todas las formas de descripción son válidas, no hay una forma única, no hay normas para la descripción, es el docente junto a su grupo de alumnos quienes determinan cómo hacerlo.
El docente puede solicitar que los alumnos dibujen los objetos para poder expresar la información recabada a través de ellos. Será entonces un dibujo con características particulares, en tanto se trata de una representación. Es importante, aproximar las características técnica, formal o artística del objeto, o mostrarlo en situación de uso, permitirá aprehender el objeto lo más objetivamente posible. La confección de dibujos como también la reproducción del objeto, sirve para desarrollar –en aquellos que lo necesiten- cierto dominio psicomotriz. Es fundamental que, en esta fase, las preguntas no apunten a cuestiones subjetivas (“le parece que” o “cual es su opinión sobre”) sino que se centren en estimular la reflexión.
3) La comparación permite establecer similitudes y diferencias entre los objetos y abrir paso a la clasificación. Clasificar es agrupar o distribuir objetos o situaciones en categorías llamadas ‘clases’, tomando como base sus semejanzas. Para clasificar es necesario disponer los objetos de acuerdo a ciertos criterios que tienen en cuenta alguna variable, es decir, se privilegian las características comunes. El criterio que se seleccione para clasificar debe guardar relación con los fines perseguidos. Por ejemplo, se podrá clasificar según el material con el que están construidos. Pero estos mismos conjuntos pueden ser objeto, a su vez, de otras clasificaciones, conformando así, una serie de subclases. Por ejemplo, si ahora el criterio es agrupar objetos que sean instrumentos de trabajo, se obtiene un nuevo grupo de objetos. Es importante reparar en esta posibilidad para que los alumnos fortalezcan su flexibilidad en el juicio.
En esta etapa de Alfabetización Inicial es conveniente orientar a los alumnos de clasificaciones simples a otras más complejas, teniendo en cuenta dos o más atributos. El ejercicio de la clasificación sienta las bases de procedimientos más complejos, tales como la definición y permite utilizar la información en forma más precisa.
El desarrollo de propuestas en las que se trabaje con la clasificación de objetos, en relación con la observación y la descripción, depende de los fines que cada docente persiga con dicha propuesta. Si se busca promover en los niños el uso del proceso inductivo de búsqueda, se les puede presentar objetos en orden aleatorio. Por ejemplo, si se dieran a los alumnos objetos varios y se les pidiera que los agruparan: algunos alumnos los agruparían como objetos de trabajo, domésticos, de juego, de adorno; otros los agruparían teniendo en cuenta el material del que están construidos, por su color, por su tamaño, por su forma, si son nuevos o viejos. La discusión de los resultados podría llevar a la conciencia de que los diferentes sistemas de clasificación sirven a diversos propósitos y que todas las agrupaciones podrían considerarse correctas; la valoración pasaría por cuál es más pertinente que otra según el propósito de la situación de aprendizaje prevista.
Si el objetivo del docente es desarrollar la comprensión de conceptos básicos, será él quien deba seleccionar y organizar los materiales antes de presentarlos al alumnado, con el fin de facilitar el descubrimiento del concepto particular que se esté desarrollando.
La selección y organización de los materiales es una cuestión central. Por ejemplo, si el docente eligiera mostrar a los alumnos una serie de herramientas (simples, complejas, electrónicas, manuales, etc.), la discusión sobre ellas se referiría a las semejanzas y diferencias entre las formas de producción, fines de su utilización, para qué se produce, para quién se produce. Finalmente, se desarrollarían los conceptos de trabajo artesanal, trabajo manufacturero, trabajo industrial, tecnificación, economía de subsistencia, economía de mercado. Para avanzar en la construcción de este tipo de propuestas es importante que el docente:
· haga evidentes los diferentes criterios previstos
· ayude a reflexionar sobre lo observado
· recoja, interprete y devuelva al grupo las opiniones aportadas
· tienda puentes entre lo observado y las conceptualizaciones buscadas
· aliente a que los alumnos expresen sus conclusiones, fundamentándolas
El registro e inventario de los objetos se lleva a cabo en una ficha individual que contiene información referente a los mismos. El inventario permite arribar a una clasificación o un ordenamiento de los objetos a partir de características comunes, con la finalidad de proceder a una catalogación. Resulta interesante que los alumnos conozcan el contenido de la ficha y que, en la medida de sus posibilidades, puedan completar los datos más sencillos que se solicitan.
También resulta imprescindible establecer la datación de los objetos, ésta será siempre relativa pero permite introducir ese objeto en el marco temporal al que pertenece. También posibilita la organización de secuencias ordenadas que permiten advertir los cambios y permanencias en su constitución, en su utilidad, en su valor social, cómo unos objetos influyen sobre los que les siguen en el tiempo. Se trata de una aproximación a la construcción de la noción de tiempo promoviendo el acceso a formas más globales de periodización, desde la comprensión de los procesos sociales y no a través del aprendizaje memorístico de fechas, constituyendo un todo que necesariamente tiene continuidad en aquello que vendrá, en el futuro. Se hace entonces más fácil comprender que somos el producto de un pasado que no ha muerto sino que es parte constitutiva de nosotros.
4) Es fundamental enmarcar los pasos y aspectos mencionados, en cada contexto particular. La reconstrucción del contexto del objeto implica combinar todos y cada uno de los pasos seguidos en el transcurso de la investigación. El trabajo con los objetos, se complementa con el aporte de otros materiales (textos, entrevistas, imágenes, etc.)
Actividades posibles:
ü Ubicar en un plano de la ciudad de Buenos Aires el barrio de Barracas.
ü Averiguar cuáles son las calles que lo limitan y marcar su contorno. Hacer lo mismo con el propio lugar de residencia y analizar la distancia que los separa.
ü Responder: En el cuento “Brigidita”: ¿cuáles son las pistas que permiten identificar al primer narrador?, ¿quién será “ella, la innombrable”?
ü Reponer la historia de la espada del Rey Arturo (si es posible, proyectar la película La espada en la piedra): ¿qué tiene que ver con lo que pasa en el cuento “Brigidita”? ¿Por qué Lucas recuerda esa historia?
ü Así como la autora tiene una colección de gatos que ríen, averiguar si hay algún coleccionista entre los chicos. Organizar una encuesta en la comunidad escolar (compañeros de otros años, docentes, familiares, comerciantes, etc.) sobre esta actividad y sacar algunas conclusiones, por ejemplo: cuántas personas poseen este hobbie, cuántos ejemplares tiene la colección más amplia, si hay alguna clase de objetos que se repita mucho, las colecciones que les resultaron más sorprendentes. Entre todos, pensar colecciones insólitas y hacer un listado.
ü Averiguar en las casas si existe algún objeto que sea un recuerdo de familia “y cuál es su historia”. Compartirla con los compañeros en una ronda grupal (sería interesante que el que pudiera lleve el objeto a la escuela para poder observarlo en detalle).
ü Elegir uno de los personajes para realizar su descripción en retrato.
ü Realizar entrevistas a informantes claves sobre “el objeto y su historia”.
La historia a través de informantes claves
Tal como lo hemos venido planteando, los alumnos necesitan desarrollar una serie de capacidades que les permitan generar estrategias que posibiliten recolectar, seleccionar, organizar, interpretar y comunicar información. Pero además, aspiramos a que no sólo trabajen con información generada por otros sino, que sean productores de información. Esta es una puerta que se abre a partir de la historia oral y que tiene a la entrevista como herramienta fundamental, ya que permite recabar información a partir de los saberes -técnicos o cotidianos- de distintos sujetos sociales, que de otro modo se hubieran perdido para siempre.
En este caso, realizar entrevistas a miembros de su familia o a personas cercanas a la historia familiar, permitirá a los alumnos ampliar y enriquecer la información que ya tienen, interactuar directamente la información generando fuentes primarias, conocer los motivos, las intenciones, los sueños, las contradicciones, los conflictos, las realizaciones a las que arribaron esas personas. También podrán advertir que los efectos mediatos e inmediatos no son vividos de la misma forma por todos los sujetos que intervienen (aunque sean de la misma familia), como tampoco las explicaciones que brindan sobre un mismo hecho en el que participaron. Podrán además, comparar, verificar hipótesis previas, establecer relaciones, buscar explicaciones a partir del contexto en el que se producen las diversas situaciones, reconocer que pasado y presente se encuentran en constante movimiento y que forman parte de un proceso.
Las entrevistas pueden llevarse a cabo invitando al informante a visitar la, el aula o también, puede realizarse en otro lugar a convenir.
Para la realización de una entrevista hay que distinguir tres momentos:
1) Preparación de la entrevista: En esta etapa el docente debe ayudar a los alumnos a decidir a quién entrevistar, la información que precisan obtener.
Una vez que se haya definido a quién entrevistar se inicia el trabajo de planificación, es decir, qué preguntas se harán. Este momento debe ser aprovechado para la reflexión y discusión, la búsqueda de acuerdos y la toma de decisiones para lograr una producción grupal en la que, indudablemente se ponen en juego, los saberes previos de los alumnos acerca del tema a abordar. A partir de ese punteo, los alumnos podrán realizar comentarios y repreguntar. El docente puede tomar nota en el pizarrón para luego, leer las preguntas que quedaron registradas y pedir a los alumnos que decidan cuáles son las que desean seleccionar. Quien entrevista, no es sólo un reportero sino que conoce del tema tratado, maneja cierta información sobre él y esto le permite establecer un diálogo con el entrevistado.
2)Toma de la entrevista: resulta interesante grabar la entrevista, porque:
· permite ir construyendo en la escuela un banco de datos sonoros
· favorece el trabajo con la historia oral, una forma de rescatar las experiencias, la memoria de la comunidad a la que pertenecen los alumnos
· implica un trabajo posterior de audición y más adelante, cuando los alumnos manejen más hábilmente la lectura y la escritura, de desgrabación, que ayuda a recuperar y organizar los datos obtenidos.
En caso de no poder grabar la entrevista, es importante que asistan varios alumnos y que el docente u otro alumno más avanzado tome nota de las respuestas. Esto facilitará la posterior reconstrucción de lo escuchado y la complementación de los datos registrados. Si bien es importante que sean los niños los que realicen las preguntas, el docente deberá estar atento para intervenir en caso de ser necesario, tanto para hacer aclaraciones, como para recordar datos y canalizar dudas u opiniones. Completar la entrevista solicitando algunas otras fuentes (documentación de época, fotografías, etc.) que sean de útiles al trabajo de investigación en curso.
5) Reelaboración de la información: Es importante que los alumnos reelaboren la información obtenida a partir de la entrevista. De este modo, podrán salir de la situación de pregunta– respuesta y expresar de otro modo la información recabada, agregando apreciaciones personales, aclaraciones y/o algunas conclusiones. El docente puede proponer diversas maneras de hacerlo, según sus objetivos y las diferentes posibilidades de sus alumnos:
· Vaciado de datos sencillos en planillas, a partir de palabras que sepan escribir o aprendan a escribir para desarrollar esta actividad.
· Establecimiento de comparaciones entre distintas entrevistas: similitudes y diferencias.
· Elaboración de afiches, carteles, historietas en el que se refleje el relato realizado por el entrevistado
En esta instancia, como en las anteriores, la intervención del docente será necesaria para la organización y realización del trabajo de cada uno de los alumnos. Podrán contar el resultado de cada tema, en afiches, escribiendo el título del mismo y agregando fotos alusivas, con sus respectivos epígrafes o frases sencillas que sinteticen lo trabajado.
[1] Cuento Brigidita de Graciela Cabal
2. Documento de Alfabetización Inicial en Ciencias Sociales D.G. de C. y E.
Graciela Beatriz Cabal (1939-2004) nació en Barracas, Buenos Aires. Fue maestra, titiritera, editora y coordinadora de talleres de literatura. Desarrolló una vasta tarea como recopiladora de relatos populares y como difusora de temas sociales, ecológicos y de la salud.
Ha publicado más de setenta libros. Algunos de ellos son: Miedo, Batata, Secretos de familia, Azul. Para Alfaguara y Santillana escribió Tomasito, Tomasito y las palabras, Tomasito cumple dos, ¡Qué sorpresa, Tomasito!, Tomasito va al jardín, Las vacaciones de Tomasito, Barbapedro y otras personas, Cuentos con brujas, Mi amigo el Rey, El hipo y Vidas de cuento.
Recibió muchos premios por su obra, considerada entre las más importantes de la literatura infantil latinoamericana.
Personajes: El enano de jardín, Brigidita, Lucas y Juli (“Brigidita”)
Lugar: el jardín de un antiguo caserón del barrio de Barracas
Argumento: En “Brigidita” confluyen dos ejes: el del paso del tiempo y el de la conservación de la memoria familiar y del patrimonio nacional. Para ello se vale de tres narradores consecutivos. El primero es el enanito del jardín de una casona del siglo XIX, que recuerda los gloriosos momentos del parque, mientras asiste a su desmantelamiento. El segundo narrador es la misma Brigidita quien, ya anciana, intenta mantener vivos los recuerdos en su memoria, transmitiéndoselos a sus nietos. Y finalmente, la acción se desprende del ámbito de la intimidad para que un narrador en tercera persona relate el final, a cargo de dos de los nietos de la mujer.
[1]
Actividades:
Barracas: “...Construcciones precarias para almacenar cueros y otros productos del país que debían embarcarse en el Riachuelo, o recibir las mercaderías que llegaban del exterior”
( Enrique de Gandía )
Las fuentes materiales: otra mirada a los objetos que nos rodean
A diferencia de los documentos escritos y orales, que nos transmiten deliberadamente noticias, datos, situaciones, relatos, los documentos materiales nos ofrecen información en forma involuntaria, siendo la misma más cabal y objetiva al no estar mediada por la visión del autor. Son fuentes históricas primarias, ellas nos hablan de realidades pasadas y presentes, nos revelan un entramado de relaciones sociales, culturales, económicas.
Debemos buscar que los objetos se conviertan en vehículos que permitan no sólo, recrear y analizar situaciones pasadas sino también abrir una serie de contenidos relacionados con el entorno de los niños y adultos, que posibiliten contextualizar los objetos con los cuales se trabaje, ubicarlos en un espacio y un tiempo, deducir las características de la sociedad que los produjo, su función y valor.
Partir del estudio del objeto permite a los alumnos arribar a nuevas categorías, conceptos o generalizaciones; promueve el desarrollo del razonamiento inductivo que propone analizar casos particulares, haciendo derivar de ellos conclusiones generales, de ahí la importancia de contemplar diferentes pasos:
1) La observación implica mirar con un objetivo. Consiste en poder captar el mayor número de detalles y características, cualidades y valores de las formas, materiales y colores para llegar a la identificación, análisis y valoración de los componentes y facilitar su interpretación.
Observar no es solamente un acto visual sino un acto en el que intervienen todos los sentidos cuando es posible; supone un proceso mental. La mirada debe superar el nivel de las explicaciones espontáneas y evidentes y ver cosas distintas en lo mismo, desarrollando un espíritu de búsqueda.
Resulta conveniente confeccionar fichas de observación. El docente puede armar la ficha a partir de la sugerencia de los alumnos quienes le dirán qué es lo que quieren saber del objeto: de qué material está hecho, con qué tecnología lo elaboraron, para qué se usaba, cómo se usaba, quiénes lo usaban, etc.
2) La descripción del objeto implica enseñar a verlo, a leerlo, constatando las partes que lo componen, dándonles nombre a cada una de ellas y apreciando las relaciones que se establecen entre las mismas. Así, los alumnos se verán en la necesidad de adquirir una terminología apropiada para describir los objetos. También se hace necesario establecer una línea lógica para la descripción, por ejemplo: rasgos físicos, construcción, diseño, función, valor y un orden para llevarla a cabo: abajo-arriba; arriba-abajo, derecha-izquierda. Todas las formas de descripción son válidas, no hay una forma única, no hay normas para la descripción, es el docente junto a su grupo de alumnos quienes determinan cómo hacerlo.
El docente puede solicitar que los alumnos dibujen los objetos para poder expresar la información recabada a través de ellos. Será entonces un dibujo con características particulares, en tanto se trata de una representación. Es importante, aproximar las características técnica, formal o artística del objeto, o mostrarlo en situación de uso, permitirá aprehender el objeto lo más objetivamente posible. La confección de dibujos como también la reproducción del objeto, sirve para desarrollar –en aquellos que lo necesiten- cierto dominio psicomotriz. Es fundamental que, en esta fase, las preguntas no apunten a cuestiones subjetivas (“le parece que” o “cual es su opinión sobre”) sino que se centren en estimular la reflexión.
3) La comparación permite establecer similitudes y diferencias entre los objetos y abrir paso a la clasificación. Clasificar es agrupar o distribuir objetos o situaciones en categorías llamadas ‘clases’, tomando como base sus semejanzas. Para clasificar es necesario disponer los objetos de acuerdo a ciertos criterios que tienen en cuenta alguna variable, es decir, se privilegian las características comunes. El criterio que se seleccione para clasificar debe guardar relación con los fines perseguidos. Por ejemplo, se podrá clasificar según el material con el que están construidos. Pero estos mismos conjuntos pueden ser objeto, a su vez, de otras clasificaciones, conformando así, una serie de subclases. Por ejemplo, si ahora el criterio es agrupar objetos que sean instrumentos de trabajo, se obtiene un nuevo grupo de objetos. Es importante reparar en esta posibilidad para que los alumnos fortalezcan su flexibilidad en el juicio.
En esta etapa de Alfabetización Inicial es conveniente orientar a los alumnos de clasificaciones simples a otras más complejas, teniendo en cuenta dos o más atributos. El ejercicio de la clasificación sienta las bases de procedimientos más complejos, tales como la definición y permite utilizar la información en forma más precisa.
El desarrollo de propuestas en las que se trabaje con la clasificación de objetos, en relación con la observación y la descripción, depende de los fines que cada docente persiga con dicha propuesta. Si se busca promover en los niños el uso del proceso inductivo de búsqueda, se les puede presentar objetos en orden aleatorio. Por ejemplo, si se dieran a los alumnos objetos varios y se les pidiera que los agruparan: algunos alumnos los agruparían como objetos de trabajo, domésticos, de juego, de adorno; otros los agruparían teniendo en cuenta el material del que están construidos, por su color, por su tamaño, por su forma, si son nuevos o viejos. La discusión de los resultados podría llevar a la conciencia de que los diferentes sistemas de clasificación sirven a diversos propósitos y que todas las agrupaciones podrían considerarse correctas; la valoración pasaría por cuál es más pertinente que otra según el propósito de la situación de aprendizaje prevista.
Si el objetivo del docente es desarrollar la comprensión de conceptos básicos, será él quien deba seleccionar y organizar los materiales antes de presentarlos al alumnado, con el fin de facilitar el descubrimiento del concepto particular que se esté desarrollando.
La selección y organización de los materiales es una cuestión central. Por ejemplo, si el docente eligiera mostrar a los alumnos una serie de herramientas (simples, complejas, electrónicas, manuales, etc.), la discusión sobre ellas se referiría a las semejanzas y diferencias entre las formas de producción, fines de su utilización, para qué se produce, para quién se produce. Finalmente, se desarrollarían los conceptos de trabajo artesanal, trabajo manufacturero, trabajo industrial, tecnificación, economía de subsistencia, economía de mercado. Para avanzar en la construcción de este tipo de propuestas es importante que el docente:
· haga evidentes los diferentes criterios previstos
· ayude a reflexionar sobre lo observado
· recoja, interprete y devuelva al grupo las opiniones aportadas
· tienda puentes entre lo observado y las conceptualizaciones buscadas
· aliente a que los alumnos expresen sus conclusiones, fundamentándolas
El registro e inventario de los objetos se lleva a cabo en una ficha individual que contiene información referente a los mismos. El inventario permite arribar a una clasificación o un ordenamiento de los objetos a partir de características comunes, con la finalidad de proceder a una catalogación. Resulta interesante que los alumnos conozcan el contenido de la ficha y que, en la medida de sus posibilidades, puedan completar los datos más sencillos que se solicitan.
También resulta imprescindible establecer la datación de los objetos, ésta será siempre relativa pero permite introducir ese objeto en el marco temporal al que pertenece. También posibilita la organización de secuencias ordenadas que permiten advertir los cambios y permanencias en su constitución, en su utilidad, en su valor social, cómo unos objetos influyen sobre los que les siguen en el tiempo. Se trata de una aproximación a la construcción de la noción de tiempo promoviendo el acceso a formas más globales de periodización, desde la comprensión de los procesos sociales y no a través del aprendizaje memorístico de fechas, constituyendo un todo que necesariamente tiene continuidad en aquello que vendrá, en el futuro. Se hace entonces más fácil comprender que somos el producto de un pasado que no ha muerto sino que es parte constitutiva de nosotros.
4) Es fundamental enmarcar los pasos y aspectos mencionados, en cada contexto particular. La reconstrucción del contexto del objeto implica combinar todos y cada uno de los pasos seguidos en el transcurso de la investigación. El trabajo con los objetos, se complementa con el aporte de otros materiales (textos, entrevistas, imágenes, etc.)
Actividades posibles:
ü Ubicar en un plano de la ciudad de Buenos Aires el barrio de Barracas.
ü Averiguar cuáles son las calles que lo limitan y marcar su contorno. Hacer lo mismo con el propio lugar de residencia y analizar la distancia que los separa.
ü Responder: En el cuento “Brigidita”: ¿cuáles son las pistas que permiten identificar al primer narrador?, ¿quién será “ella, la innombrable”?
ü Reponer la historia de la espada del Rey Arturo (si es posible, proyectar la película La espada en la piedra): ¿qué tiene que ver con lo que pasa en el cuento “Brigidita”? ¿Por qué Lucas recuerda esa historia?
ü Así como la autora tiene una colección de gatos que ríen, averiguar si hay algún coleccionista entre los chicos. Organizar una encuesta en la comunidad escolar (compañeros de otros años, docentes, familiares, comerciantes, etc.) sobre esta actividad y sacar algunas conclusiones, por ejemplo: cuántas personas poseen este hobbie, cuántos ejemplares tiene la colección más amplia, si hay alguna clase de objetos que se repita mucho, las colecciones que les resultaron más sorprendentes. Entre todos, pensar colecciones insólitas y hacer un listado.
ü Averiguar en las casas si existe algún objeto que sea un recuerdo de familia “y cuál es su historia”. Compartirla con los compañeros en una ronda grupal (sería interesante que el que pudiera lleve el objeto a la escuela para poder observarlo en detalle).
ü Elegir uno de los personajes para realizar su descripción en retrato.
ü Realizar entrevistas a informantes claves sobre “el objeto y su historia”.
La historia a través de informantes claves
Tal como lo hemos venido planteando, los alumnos necesitan desarrollar una serie de capacidades que les permitan generar estrategias que posibiliten recolectar, seleccionar, organizar, interpretar y comunicar información. Pero además, aspiramos a que no sólo trabajen con información generada por otros sino, que sean productores de información. Esta es una puerta que se abre a partir de la historia oral y que tiene a la entrevista como herramienta fundamental, ya que permite recabar información a partir de los saberes -técnicos o cotidianos- de distintos sujetos sociales, que de otro modo se hubieran perdido para siempre.
En este caso, realizar entrevistas a miembros de su familia o a personas cercanas a la historia familiar, permitirá a los alumnos ampliar y enriquecer la información que ya tienen, interactuar directamente la información generando fuentes primarias, conocer los motivos, las intenciones, los sueños, las contradicciones, los conflictos, las realizaciones a las que arribaron esas personas. También podrán advertir que los efectos mediatos e inmediatos no son vividos de la misma forma por todos los sujetos que intervienen (aunque sean de la misma familia), como tampoco las explicaciones que brindan sobre un mismo hecho en el que participaron. Podrán además, comparar, verificar hipótesis previas, establecer relaciones, buscar explicaciones a partir del contexto en el que se producen las diversas situaciones, reconocer que pasado y presente se encuentran en constante movimiento y que forman parte de un proceso.
Las entrevistas pueden llevarse a cabo invitando al informante a visitar la, el aula o también, puede realizarse en otro lugar a convenir.
Para la realización de una entrevista hay que distinguir tres momentos:
1) Preparación de la entrevista: En esta etapa el docente debe ayudar a los alumnos a decidir a quién entrevistar, la información que precisan obtener.
Una vez que se haya definido a quién entrevistar se inicia el trabajo de planificación, es decir, qué preguntas se harán. Este momento debe ser aprovechado para la reflexión y discusión, la búsqueda de acuerdos y la toma de decisiones para lograr una producción grupal en la que, indudablemente se ponen en juego, los saberes previos de los alumnos acerca del tema a abordar. A partir de ese punteo, los alumnos podrán realizar comentarios y repreguntar. El docente puede tomar nota en el pizarrón para luego, leer las preguntas que quedaron registradas y pedir a los alumnos que decidan cuáles son las que desean seleccionar. Quien entrevista, no es sólo un reportero sino que conoce del tema tratado, maneja cierta información sobre él y esto le permite establecer un diálogo con el entrevistado.
2)Toma de la entrevista: resulta interesante grabar la entrevista, porque:
· permite ir construyendo en la escuela un banco de datos sonoros
· favorece el trabajo con la historia oral, una forma de rescatar las experiencias, la memoria de la comunidad a la que pertenecen los alumnos
· implica un trabajo posterior de audición y más adelante, cuando los alumnos manejen más hábilmente la lectura y la escritura, de desgrabación, que ayuda a recuperar y organizar los datos obtenidos.
En caso de no poder grabar la entrevista, es importante que asistan varios alumnos y que el docente u otro alumno más avanzado tome nota de las respuestas. Esto facilitará la posterior reconstrucción de lo escuchado y la complementación de los datos registrados. Si bien es importante que sean los niños los que realicen las preguntas, el docente deberá estar atento para intervenir en caso de ser necesario, tanto para hacer aclaraciones, como para recordar datos y canalizar dudas u opiniones. Completar la entrevista solicitando algunas otras fuentes (documentación de época, fotografías, etc.) que sean de útiles al trabajo de investigación en curso.
5) Reelaboración de la información: Es importante que los alumnos reelaboren la información obtenida a partir de la entrevista. De este modo, podrán salir de la situación de pregunta– respuesta y expresar de otro modo la información recabada, agregando apreciaciones personales, aclaraciones y/o algunas conclusiones. El docente puede proponer diversas maneras de hacerlo, según sus objetivos y las diferentes posibilidades de sus alumnos:
· Vaciado de datos sencillos en planillas, a partir de palabras que sepan escribir o aprendan a escribir para desarrollar esta actividad.
· Establecimiento de comparaciones entre distintas entrevistas: similitudes y diferencias.
· Elaboración de afiches, carteles, historietas en el que se refleje el relato realizado por el entrevistado
En esta instancia, como en las anteriores, la intervención del docente será necesaria para la organización y realización del trabajo de cada uno de los alumnos. Podrán contar el resultado de cada tema, en afiches, escribiendo el título del mismo y agregando fotos alusivas, con sus respectivos epígrafes o frases sencillas que sinteticen lo trabajado.
[1] Cuento Brigidita de Graciela Cabal
2. Documento de Alfabetización Inicial en Ciencias Sociales D.G. de C. y E.
¿Y las mujeres dónde estaban? Por Griselda de la Iglesias
Fundamentación:
¿Puede la literatura ayudarnos a reconstruir el pasado?
.La Literatura puede convertirse en un recurso muy valioso para la enseñanza de las Ciencias Sociales y más aún cuando trabajamos con niños/as pequeños.
La Literatura toma acontecimientos del pasado como vamos a ver en este caso en particular con el cuento Doña Martina y lo convierte en un producto literario. Los escritores ficcionan el acontecimiento del pasado pero para ello también investigan sobre el hecho en particular.
Por su parte la historia rescata un saber verdadero del acontecimiento basado también en la investigación con sus fuentes y metodología propia de la ciencia. Durante mucho tiempo la Historia sólo investigó con documentos oficiales hasta la impronta dejada por la escuela de los Annales que focaliza en el uso de otras fuentes de información como ser objetos, vida cotidiana, epístolas, cuadros, etc.
La Literatura indaga en los sentimientos las sensaciones de los sujetos sociales ya sean héroes o sujetos anónimos y este es punto más interesante del recurso ya que nos aporta sujetos invisibles para la historia como en este caso en particular “las mujeres” en un contenido específico Las Invasiones Inglesas esto nos permite derrocar la mirada rígida de verdades reveladas y multiplicar las voces. Podemos aunar los aportes de la Literatura y la Historia esto nos permitirá ampliar el universo del conocimiento del hecho del pasado explorando el campo de las emociones, los conflictos, la intencionalidad, motivando en los niños/as la imaginación, la creatividad, la empatía para acercarnos a la comprensión del accionar de otros en otros escenarios, en otros contextos.
Primer momento:
Secuencia de Actividades:
1) Entregar a los niños fotocopias de distintos manuales de 4to grado de uso cotidiano en el aula de varias editoriales.
2) Leer el contenido y responder: ¿Qué sujetos sociales aparecen?
3) Transcribirlos en la carpeta
4) Buscar en un diccionario biográfico y escribir en no más de tres renglones quién es quién.
5) Pregunta motivadora: ¿Qué sujetos sociales no han sido nombrados?
6) Escribir en el pizarrón las respuestas de los niños/as.
7) Pregunta motivadora: ¿Por qué les parece que no aparecen estos sujetos sociales?
8) Escribir en el pizarrón las respuestas de los niños/as.
9) Dejar por escrito estos registros en las carpetas de los alumnos.
Segundo momento:
Secuencia de actividades:
1-Entregar a los niños el texto del cuento de Graciela Cabal “Doña Martina”
Investigar sobre la autora (les podemos contar, leer o proponer alguna actividad específica)
2-Preguntas orientadoras para realizar luego de la lectura:
¿A qué hecho histórico hace referencia?
¿Qué sujetos sociales aparecen?
¿Dónde ocurrieron los hechos?
¿Qué sujeto social piensas que es ficcional y cual real?
3- Solicitar a los niños que dibujen la portada del cuento que agregarán a los juegos de fotocopias.
4- Llevar al aula y mostrar las portadas de los libros de distintas editoriales que contienen este cuento establecer una observación para reconocer similitudes y diferencias.
Editorial Alfaguara.
Editorial Colihue.
Tercer momento:
Secuencia de actividades
1-Pregunta motivadora:
¿Crees que lo que nos cuenta la autora sucedió realmente? ¿Por qué?
2-Registrar en el pizarrón las respuestas.
3-Retomamos las respuestas a la pregunta: ¿Dónde ocurrieron los hechos?
Pistas del cuento: Cierto que en todo el barrio del Alto no había empanadas como las de doña Martina.- Buenos Aires- ocupado Santo Domingo-
4-Entregamos a los niños/as esta fuente obtenida de una página web del barrio de San Telmo (Si tenemos Internet en la escuela podemos visitarla con ellos)
San Telmo. SU HISTORIA
“Quienes poblaron inicialmente este barrio que se llamó también Altos de San Pedro, fue un reducido grupo dedicado a las tareas del cercano puerto. Se ubicaron en las cercanías de la Plaza Dorrego y sobre la actual calle Defensa, que es esta es considerada la más antigua de la ciudad.
El barrio fue creciendo, prosperando, convirtiéndose en residencia de tradicionales familias que hoy ocupan un destacado lugar en la sociedad argentina. Ejemplo de familias notables, las de Domingo French, Esteban De Luca, Esteban Echeverría y otros tantos.
Durante las "Invasiones Inglesas" el barrio fue ocupado por los invasores y en el mismo se establecieron dos hospitales de sangre. En esta oportunidad se produjeron algunos hechos notables como el de Doña Martina Céspedes quién tomó prisiones a once de los doce ingleses que entraron en su hogar, ya que uno de ellos terminó casándose con su hija”.
Página web argentinatotal.
5- Confrontamos esta información con los datos del cuento. Registramos conclusiones.
6- Entregamos la información o buscamos con los alumnos en página web datos sobre Doña Martina Céspedes.
CÉSPEDES, Martina
Heroína de las invasiones inglesas. El 05 de julio de 1807, Martina permaneció en su casa con sus tres hijas. A medida que avanzaban los ingleses solicitaban bebidas en casas y pulperías y así doce de ellos lo hicieron en casa de Martina. Esta le propuso aguardiente a condición de que entraran de a uno. Así lo hicieron y cayeron prisioneros de las cuatro mujeres, mientras el ejército invasor era derrotado. Al día siguiente se presentó ante el virrey Liniers, quien le otorgó el grado de Sargento Mayor.
Página web oniescuelas.
6- Confrontamos esta información con los datos del cuento. Registramos conclusiones.
Cuarto momento: Instancia de evaluación
1) Repreguntamos: ¿Qué sujetos sociales contribuyeron a la defensa de Buenos Aires durante la invasión inglesa al Río de La Plata en 1807?
2) Registramos las respuestas.
Podemos proponer a los niños/as la construcción de títeres y escenografía para representar la obra en el Acto Patrio del 25 de Mayo.
Al proponer esta actividad nos permite generar la búsqueda de información a través de libros, imágenes, etc. sobre la vestimenta de los sujetos y el escenario (casas, calles, iglesias, puertas, rejas, etc.) para lograr rigurosidad histórica.
Exponer el día del Acto las portadas de los cuentos.
Fundamentación:
¿Puede la literatura ayudarnos a reconstruir el pasado?
.La Literatura puede convertirse en un recurso muy valioso para la enseñanza de las Ciencias Sociales y más aún cuando trabajamos con niños/as pequeños.
La Literatura toma acontecimientos del pasado como vamos a ver en este caso en particular con el cuento Doña Martina y lo convierte en un producto literario. Los escritores ficcionan el acontecimiento del pasado pero para ello también investigan sobre el hecho en particular.
Por su parte la historia rescata un saber verdadero del acontecimiento basado también en la investigación con sus fuentes y metodología propia de la ciencia. Durante mucho tiempo la Historia sólo investigó con documentos oficiales hasta la impronta dejada por la escuela de los Annales que focaliza en el uso de otras fuentes de información como ser objetos, vida cotidiana, epístolas, cuadros, etc.
La Literatura indaga en los sentimientos las sensaciones de los sujetos sociales ya sean héroes o sujetos anónimos y este es punto más interesante del recurso ya que nos aporta sujetos invisibles para la historia como en este caso en particular “las mujeres” en un contenido específico Las Invasiones Inglesas esto nos permite derrocar la mirada rígida de verdades reveladas y multiplicar las voces. Podemos aunar los aportes de la Literatura y la Historia esto nos permitirá ampliar el universo del conocimiento del hecho del pasado explorando el campo de las emociones, los conflictos, la intencionalidad, motivando en los niños/as la imaginación, la creatividad, la empatía para acercarnos a la comprensión del accionar de otros en otros escenarios, en otros contextos.
Primer momento:
Secuencia de Actividades:
1) Entregar a los niños fotocopias de distintos manuales de 4to grado de uso cotidiano en el aula de varias editoriales.
2) Leer el contenido y responder: ¿Qué sujetos sociales aparecen?
3) Transcribirlos en la carpeta
4) Buscar en un diccionario biográfico y escribir en no más de tres renglones quién es quién.
5) Pregunta motivadora: ¿Qué sujetos sociales no han sido nombrados?
6) Escribir en el pizarrón las respuestas de los niños/as.
7) Pregunta motivadora: ¿Por qué les parece que no aparecen estos sujetos sociales?
8) Escribir en el pizarrón las respuestas de los niños/as.
9) Dejar por escrito estos registros en las carpetas de los alumnos.
Segundo momento:
Secuencia de actividades:
1-Entregar a los niños el texto del cuento de Graciela Cabal “Doña Martina”
Investigar sobre la autora (les podemos contar, leer o proponer alguna actividad específica)
2-Preguntas orientadoras para realizar luego de la lectura:
¿A qué hecho histórico hace referencia?
¿Qué sujetos sociales aparecen?
¿Dónde ocurrieron los hechos?
¿Qué sujeto social piensas que es ficcional y cual real?
3- Solicitar a los niños que dibujen la portada del cuento que agregarán a los juegos de fotocopias.
4- Llevar al aula y mostrar las portadas de los libros de distintas editoriales que contienen este cuento establecer una observación para reconocer similitudes y diferencias.
Editorial Alfaguara.
Editorial Colihue.
Tercer momento:
Secuencia de actividades
1-Pregunta motivadora:
¿Crees que lo que nos cuenta la autora sucedió realmente? ¿Por qué?
2-Registrar en el pizarrón las respuestas.
3-Retomamos las respuestas a la pregunta: ¿Dónde ocurrieron los hechos?
Pistas del cuento: Cierto que en todo el barrio del Alto no había empanadas como las de doña Martina.- Buenos Aires- ocupado Santo Domingo-
4-Entregamos a los niños/as esta fuente obtenida de una página web del barrio de San Telmo (Si tenemos Internet en la escuela podemos visitarla con ellos)
San Telmo. SU HISTORIA
“Quienes poblaron inicialmente este barrio que se llamó también Altos de San Pedro, fue un reducido grupo dedicado a las tareas del cercano puerto. Se ubicaron en las cercanías de la Plaza Dorrego y sobre la actual calle Defensa, que es esta es considerada la más antigua de la ciudad.
El barrio fue creciendo, prosperando, convirtiéndose en residencia de tradicionales familias que hoy ocupan un destacado lugar en la sociedad argentina. Ejemplo de familias notables, las de Domingo French, Esteban De Luca, Esteban Echeverría y otros tantos.
Durante las "Invasiones Inglesas" el barrio fue ocupado por los invasores y en el mismo se establecieron dos hospitales de sangre. En esta oportunidad se produjeron algunos hechos notables como el de Doña Martina Céspedes quién tomó prisiones a once de los doce ingleses que entraron en su hogar, ya que uno de ellos terminó casándose con su hija”.
Página web argentinatotal.
5- Confrontamos esta información con los datos del cuento. Registramos conclusiones.
6- Entregamos la información o buscamos con los alumnos en página web datos sobre Doña Martina Céspedes.
CÉSPEDES, Martina
Heroína de las invasiones inglesas. El 05 de julio de 1807, Martina permaneció en su casa con sus tres hijas. A medida que avanzaban los ingleses solicitaban bebidas en casas y pulperías y así doce de ellos lo hicieron en casa de Martina. Esta le propuso aguardiente a condición de que entraran de a uno. Así lo hicieron y cayeron prisioneros de las cuatro mujeres, mientras el ejército invasor era derrotado. Al día siguiente se presentó ante el virrey Liniers, quien le otorgó el grado de Sargento Mayor.
Página web oniescuelas.
6- Confrontamos esta información con los datos del cuento. Registramos conclusiones.
Cuarto momento: Instancia de evaluación
1) Repreguntamos: ¿Qué sujetos sociales contribuyeron a la defensa de Buenos Aires durante la invasión inglesa al Río de La Plata en 1807?
2) Registramos las respuestas.
Podemos proponer a los niños/as la construcción de títeres y escenografía para representar la obra en el Acto Patrio del 25 de Mayo.
Al proponer esta actividad nos permite generar la búsqueda de información a través de libros, imágenes, etc. sobre la vestimenta de los sujetos y el escenario (casas, calles, iglesias, puertas, rejas, etc.) para lograr rigurosidad histórica.
Exponer el día del Acto las portadas de los cuentos.
Etiquetas:
Proyecto para 4to Grado.Invasiones Inglesas
Cuentos para trabajar las efemérides patrias
En esta página encontrarás producciones que fui realizando a lo largo de mi carrera profesional, ojalá te ayuden a transmitir y enseñar las Ciencias Sociales.
Un paseo preocupante por Griselda de la Iglesias.
Un paseo, ¡qué lindo un paseo por la ciudad!- pensó Josefina, cuando su amita le anunció que debía ir a repartir las tarjetas de invitación para la tertulia de mañana, pero la alegría se fue poco a poco convirtiendo en preocupación y mucha pero mucha angustia.
Los invitados eran unos cuantos, eso significaba que estaría caminando de aquí para allá unas cuantas horas y seguro, seguro terminaría cansada, y además debería tener cuidado de no perderse.
Para eso tenía que caminar entre los límites de la ciudad (al sur la calle de México, al norte la de Cangallo, al oeste las iglesias de San Miguel y San Nicolás).
El peligro era perderse en el suburbio.
Las tarjetas más sencillas de repartir eran en las únicas casa que tenían azotea como la de Constanzo y del Pino, el resto de las casas eran de un solo piso, bajas y macizas, de paredes anchas de ladrillo, asentado en barro y al fondo las magníficas huertas de treinta o cuarenta varas.
El problema de Josefina surgiría si no terminaba de repartir las invitaciones temprano antes que oscureciera, porque otro de los grandes peligros eran las rejas, sí eran el peligro de la noche, muchas de ellas se extendían hasta el cordón de la vereda alumbradas por una mísera luz y más de uno desatento se había roto la nariz o un brazo.
Pero Josefina no debía pensar en eso, tenía que apurar el reparto de tarjetas.
Miró el montón que le quedaba y empezó a dolerle la cabeza, de sólo mirar se sintió cansada, aún tenía que ir a lo de Tomasa de la Quintana de Escalada, María Eugenia Escalada de De María, Casilda Igarzabal de Rodríguez Peña, Juana Pueyrredón de Saénz Valiente, María Mercedes Coronel de Paso, iba de casa en casa y el montón no bajaba.
Aparte de cansada, Josefina estaba embarrada de los píes a la cabeza ¡sí como escuchaste! ¡de los píes a la cabeza!, un gran temporal había dejado las calles hechas un desastre, el agua corría en forma de arroyo con saltos y cascadas, los pantanos parecían lagunas y los charcos no se terminaban de secar, por esto nada ni nadie se salvaba de un baño de barro líquido, cuando digo ni nada, ni nadie, esto es verdad, los frentes de las casas recién blanqueados, los lecheros, panaderos, paseantes, el señor, la señora que caminaban rumbo a la iglesias, nada ni nadie.
Si se veía venir un caballo al trote, más la yegua y el potrillo que lo seguía, ahí sí que más vale que te corras del lugar porque el enchastre estaba asegurado. Esto le había pasado a Josefina, apurada y cansada, la tomaron por sorpresa y la bañaron completa. Faltan sólo dos, sólo dos –pensaba Josefina- la de Manuela Telechea de Pueyrredón y la de Juana Lezica de Riglos, un esfuerzo más-pensó-.
¡Por fin terminó! Y se dispuso regresar a la casa –no se sabe si más cansada que embarrada o más embarrada que cansada-. Pero a pesar de todo no había sido tan feo el paseo, en medio del chapuzón marrón… lo había visto a él y de esto estaba segura, le había encantado.
Bibliografía:
Cicerchia Ricardo, “Historia de la vida privada en la Argentina”, Editorial Troquel.
Battolla Octavio, “La sociedad de antaño”, Editorial Emecé.
Lucía, acalorada por Griselda de la Iglesias
¡Qué calor! ¡Qué calor! –pensaba Lucia-.
Faltaba un rato largo, largo para el atardecer y con su familia ir hasta el río a refrescarse en el único lugar posible que había en Buenos Aires: el Río de La Plata.
Allí no estaría solamente la familia de Lucia, sino todas las familias que buscaban en sus aguas un poco de alivio que no podían encontrar frente a los calcinantes rayos de sol –cuando digo todos- es porque estaban todos, los papás, las mamás, los hijos, los magistrados, los prósperos comerciantes, piadosos sacerdotes y también cerca muy cerca las lavanderas.
A Lucia le alegraba saber que pronto, muy pronto, irían al río ¡porque la verdad, tenía calor! Pero esto significaba que, solucionaba el problema del calor pero empezaba otro ¿saben cuál? Sacarse la ropa y entrar al agua, no le tenía miedo al agua, no, ese no era su problema ¡era que llevaba mucha ropa puesta!
La que la ayudaba en esta tarea ¡difícil tarea!, era Josefina (si había llegado del río y no estaba cansada, después de lavar la ropa de toda la familia, cargarla sobre su cabeza y caminar hasta la casa) por supuesto que la pobre siempre estaba cansada.
Las dos compartían esta tarea, la de quitarse la ropa, que para Lucia era todo un problema. Lo hacían despacio, paso a paso, siempre de la misma manera, habían encontrado la receta:
Primero: la mantilla de gasa amarilla. ¡Qué menos mal!, no se sujetaba ni con broche, ni alfiler, sólo con las manos o con la punta del abanico el que Lucía usaba no sólo pro el calor insoportable sino que también lo usaba para ocultar sus lindos ojos o descubrir su cara si pasaba algún joven que le gustaba.
Segundo: el vestido de seda clara y algodón con finísimos encajes.
Tercero la enagua de tafetán que también tenía encajes de color amarillo.
Cuarto: los zapatos que hacía su mamá (que no eran amarillos) eran de raso negro, sin taco y con suelas que le preparaba el zapatero amigo de la familia.
Quinto: las medias de seda con bordado amarillo.
Llegaron al río y se escuchaba-¡vamos mi niña!, que ya oscurece, la apuraba Josefina y Lucía con un gran y suelto traje de baño entraba al agua.
Como el agua es muy baja, Lucia caminaba hasta llegar a los dos pies de profundidad y entonces se sentaba, se refrescaba y lavaba su cuerpo.
Pero la calma y el refresco no duraba mucho tiempo, primero porque estaba oscureciendo y Lucía debía caminar con sus largos cabellos que colgaban hasta cerca del suelo para secárselos y segundo porque comenzaba un nuevo problema: ponerse la ropa para regresar a la casa y esperar al próximo atardecer.
Bibliografía:
Cicerchia Ricardo, “Historia de la vida privada en la Argentina”, Editorial Troquel.
Battolla Octavio, “La sociedad de antaño”, Editorial Emecé.
Josefina está cansada por Griselda de la Iglesias.
Soy Josefina, estoy muy cansada -¿les cuento por qué?-
Recién llegué del río, la señora me mandó y no tuve más remedio que ir.
Es bastante lejos, en la ribera, el norte y sur del Fuerte, esto que les cuento es importante pero lo más importante que aún no les conté es que tengo que ir caminando, cuadra por cuadra y sobre mi cabeza cargo el atado de ropa ¡ojo que no dije atadito!, es un atado grande muy grande, la familia es numerosa: la amita, el amo, sus seis hijos y por supuesto también llevo mi ropa ¡Cuánto trabajo! La golpeo sobre las piedras, le pongo jabón hecho de cenizas y hierbas, la enjuago bien y la dejo secar en la orilla del río, por eso tardo tanto en regresar a la casa y también por eso es que estoy tan cansada.
Y hoy para colmo no fue un día fácil para mí ni para todas las lavanderas porque no estoy sola en el río, somos muchas, todas trabajamos todo el tiempo pero te cuento que también nos hacemos un ratito para cantar y hablar de nuestras cosas, pero a veces se hace ¡un barullo bárbaro!, hablamos todas juntas ¡y hasta tenemos que gritar para entendernos!-realmente eso no deberíamos hacer-y lo peor es que los vecinos se quejan por el batifondo-¡pero de cuantos chismes me entero!
No sólo los vecinos se quejan por el barullo sino también porque al lavar la ropa en el río dejamos las aguas teñidas de espuma y suciedad y ¿saben cuál es el problema? Que muchos aguateros que venden en la ciudad el agua que utiliza la gente, la recogen de aquí ¡sí del río! ¡Del río! –Como escuchas- No todas las casas de familia tienen aljibe para juntar el agua de lluvia más pura y limpia-por suerte en la casa de mi amita hay un aljibe y ¿sabes qué hay en el fondo? ¡Una tortuga! ¡Sí una tortuga como escuchas! Para que limpie el agua.
Y bueno, se quejan, se quejan pero ¿dónde vamos a lavar la ropa? ¿Dónde?
Nosotras, las lavanderas, también nos quejamos, pero a nosotras no nos escuchan, no porque no gritemos y los demás sean sordos-les cuento que muchos chicos que viven cerca de la costa son nuestros peores enemigos, los muy sinvergüenzas para divertirse cuando estamos entretenidas conversando de nuestras cositas como les conté ¡nos mezclan la ropa, la esconden y a veces hasta la roban! – Pero cuando nos damos cuenta- empezamos a correr y a correr a los muy pillos y creo que por esto que les conté, es que también estoy tan pero tan cansada.
Bibliografía:
Cicerchia Ricardo, “Historia de la vida privada en la Argentina”, Editorial Troquel.
Estos cuentos están escritos con mucho amor, pensando en el trabajo con los niños, llevan los nombres de mis hijas Lucia y Josefina que fueron las primeras en disfrutarlos.
Un paseo preocupante por Griselda de la Iglesias.
Un paseo, ¡qué lindo un paseo por la ciudad!- pensó Josefina, cuando su amita le anunció que debía ir a repartir las tarjetas de invitación para la tertulia de mañana, pero la alegría se fue poco a poco convirtiendo en preocupación y mucha pero mucha angustia.
Los invitados eran unos cuantos, eso significaba que estaría caminando de aquí para allá unas cuantas horas y seguro, seguro terminaría cansada, y además debería tener cuidado de no perderse.
Para eso tenía que caminar entre los límites de la ciudad (al sur la calle de México, al norte la de Cangallo, al oeste las iglesias de San Miguel y San Nicolás).
El peligro era perderse en el suburbio.
Las tarjetas más sencillas de repartir eran en las únicas casa que tenían azotea como la de Constanzo y del Pino, el resto de las casas eran de un solo piso, bajas y macizas, de paredes anchas de ladrillo, asentado en barro y al fondo las magníficas huertas de treinta o cuarenta varas.
El problema de Josefina surgiría si no terminaba de repartir las invitaciones temprano antes que oscureciera, porque otro de los grandes peligros eran las rejas, sí eran el peligro de la noche, muchas de ellas se extendían hasta el cordón de la vereda alumbradas por una mísera luz y más de uno desatento se había roto la nariz o un brazo.
Pero Josefina no debía pensar en eso, tenía que apurar el reparto de tarjetas.
Miró el montón que le quedaba y empezó a dolerle la cabeza, de sólo mirar se sintió cansada, aún tenía que ir a lo de Tomasa de la Quintana de Escalada, María Eugenia Escalada de De María, Casilda Igarzabal de Rodríguez Peña, Juana Pueyrredón de Saénz Valiente, María Mercedes Coronel de Paso, iba de casa en casa y el montón no bajaba.
Aparte de cansada, Josefina estaba embarrada de los píes a la cabeza ¡sí como escuchaste! ¡de los píes a la cabeza!, un gran temporal había dejado las calles hechas un desastre, el agua corría en forma de arroyo con saltos y cascadas, los pantanos parecían lagunas y los charcos no se terminaban de secar, por esto nada ni nadie se salvaba de un baño de barro líquido, cuando digo ni nada, ni nadie, esto es verdad, los frentes de las casas recién blanqueados, los lecheros, panaderos, paseantes, el señor, la señora que caminaban rumbo a la iglesias, nada ni nadie.
Si se veía venir un caballo al trote, más la yegua y el potrillo que lo seguía, ahí sí que más vale que te corras del lugar porque el enchastre estaba asegurado. Esto le había pasado a Josefina, apurada y cansada, la tomaron por sorpresa y la bañaron completa. Faltan sólo dos, sólo dos –pensaba Josefina- la de Manuela Telechea de Pueyrredón y la de Juana Lezica de Riglos, un esfuerzo más-pensó-.
¡Por fin terminó! Y se dispuso regresar a la casa –no se sabe si más cansada que embarrada o más embarrada que cansada-. Pero a pesar de todo no había sido tan feo el paseo, en medio del chapuzón marrón… lo había visto a él y de esto estaba segura, le había encantado.
Bibliografía:
Cicerchia Ricardo, “Historia de la vida privada en la Argentina”, Editorial Troquel.
Battolla Octavio, “La sociedad de antaño”, Editorial Emecé.
Lucía, acalorada por Griselda de la Iglesias
¡Qué calor! ¡Qué calor! –pensaba Lucia-.
Faltaba un rato largo, largo para el atardecer y con su familia ir hasta el río a refrescarse en el único lugar posible que había en Buenos Aires: el Río de La Plata.
Allí no estaría solamente la familia de Lucia, sino todas las familias que buscaban en sus aguas un poco de alivio que no podían encontrar frente a los calcinantes rayos de sol –cuando digo todos- es porque estaban todos, los papás, las mamás, los hijos, los magistrados, los prósperos comerciantes, piadosos sacerdotes y también cerca muy cerca las lavanderas.
A Lucia le alegraba saber que pronto, muy pronto, irían al río ¡porque la verdad, tenía calor! Pero esto significaba que, solucionaba el problema del calor pero empezaba otro ¿saben cuál? Sacarse la ropa y entrar al agua, no le tenía miedo al agua, no, ese no era su problema ¡era que llevaba mucha ropa puesta!
La que la ayudaba en esta tarea ¡difícil tarea!, era Josefina (si había llegado del río y no estaba cansada, después de lavar la ropa de toda la familia, cargarla sobre su cabeza y caminar hasta la casa) por supuesto que la pobre siempre estaba cansada.
Las dos compartían esta tarea, la de quitarse la ropa, que para Lucia era todo un problema. Lo hacían despacio, paso a paso, siempre de la misma manera, habían encontrado la receta:
Primero: la mantilla de gasa amarilla. ¡Qué menos mal!, no se sujetaba ni con broche, ni alfiler, sólo con las manos o con la punta del abanico el que Lucía usaba no sólo pro el calor insoportable sino que también lo usaba para ocultar sus lindos ojos o descubrir su cara si pasaba algún joven que le gustaba.
Segundo: el vestido de seda clara y algodón con finísimos encajes.
Tercero la enagua de tafetán que también tenía encajes de color amarillo.
Cuarto: los zapatos que hacía su mamá (que no eran amarillos) eran de raso negro, sin taco y con suelas que le preparaba el zapatero amigo de la familia.
Quinto: las medias de seda con bordado amarillo.
Llegaron al río y se escuchaba-¡vamos mi niña!, que ya oscurece, la apuraba Josefina y Lucía con un gran y suelto traje de baño entraba al agua.
Como el agua es muy baja, Lucia caminaba hasta llegar a los dos pies de profundidad y entonces se sentaba, se refrescaba y lavaba su cuerpo.
Pero la calma y el refresco no duraba mucho tiempo, primero porque estaba oscureciendo y Lucía debía caminar con sus largos cabellos que colgaban hasta cerca del suelo para secárselos y segundo porque comenzaba un nuevo problema: ponerse la ropa para regresar a la casa y esperar al próximo atardecer.
Bibliografía:
Cicerchia Ricardo, “Historia de la vida privada en la Argentina”, Editorial Troquel.
Battolla Octavio, “La sociedad de antaño”, Editorial Emecé.
Josefina está cansada por Griselda de la Iglesias.
Soy Josefina, estoy muy cansada -¿les cuento por qué?-
Recién llegué del río, la señora me mandó y no tuve más remedio que ir.
Es bastante lejos, en la ribera, el norte y sur del Fuerte, esto que les cuento es importante pero lo más importante que aún no les conté es que tengo que ir caminando, cuadra por cuadra y sobre mi cabeza cargo el atado de ropa ¡ojo que no dije atadito!, es un atado grande muy grande, la familia es numerosa: la amita, el amo, sus seis hijos y por supuesto también llevo mi ropa ¡Cuánto trabajo! La golpeo sobre las piedras, le pongo jabón hecho de cenizas y hierbas, la enjuago bien y la dejo secar en la orilla del río, por eso tardo tanto en regresar a la casa y también por eso es que estoy tan cansada.
Y hoy para colmo no fue un día fácil para mí ni para todas las lavanderas porque no estoy sola en el río, somos muchas, todas trabajamos todo el tiempo pero te cuento que también nos hacemos un ratito para cantar y hablar de nuestras cosas, pero a veces se hace ¡un barullo bárbaro!, hablamos todas juntas ¡y hasta tenemos que gritar para entendernos!-realmente eso no deberíamos hacer-y lo peor es que los vecinos se quejan por el batifondo-¡pero de cuantos chismes me entero!
No sólo los vecinos se quejan por el barullo sino también porque al lavar la ropa en el río dejamos las aguas teñidas de espuma y suciedad y ¿saben cuál es el problema? Que muchos aguateros que venden en la ciudad el agua que utiliza la gente, la recogen de aquí ¡sí del río! ¡Del río! –Como escuchas- No todas las casas de familia tienen aljibe para juntar el agua de lluvia más pura y limpia-por suerte en la casa de mi amita hay un aljibe y ¿sabes qué hay en el fondo? ¡Una tortuga! ¡Sí una tortuga como escuchas! Para que limpie el agua.
Y bueno, se quejan, se quejan pero ¿dónde vamos a lavar la ropa? ¿Dónde?
Nosotras, las lavanderas, también nos quejamos, pero a nosotras no nos escuchan, no porque no gritemos y los demás sean sordos-les cuento que muchos chicos que viven cerca de la costa son nuestros peores enemigos, los muy sinvergüenzas para divertirse cuando estamos entretenidas conversando de nuestras cositas como les conté ¡nos mezclan la ropa, la esconden y a veces hasta la roban! – Pero cuando nos damos cuenta- empezamos a correr y a correr a los muy pillos y creo que por esto que les conté, es que también estoy tan pero tan cansada.
Bibliografía:
Cicerchia Ricardo, “Historia de la vida privada en la Argentina”, Editorial Troquel.
Estos cuentos están escritos con mucho amor, pensando en el trabajo con los niños, llevan los nombres de mis hijas Lucia y Josefina que fueron las primeras en disfrutarlos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)